
En el año 1993, cuando Diego Armando Maradona fichó por Newell’s Old Boys, equipo de la ciudad de Rosario, los periodistas manifestaron su alegría y agasajaron a «El Pelusa» diciéndole que había llegado a la ciudad el mejor jugador que había existido hasta esa fecha. Ante esta afirmación, Maradona respondió: «Yo creía que era el mejor, pero desde que llegué a la ciudad solo he oído hablar de un tal Carlovich«. Y no solo Maradona se ha pronunciado en este sentido. De la misma manera, grandes nombres del fútbol argentino han considerado y expuesto la eminencia futbolística del llamado Trinche Carlovich, excelencia, por otra parte, muy por encima de casi la totalidad de jugadores que han existido por esos lares. El mismo César Menotti, todo un docto en la materia, afirmó de él que era el mejor jugador que jamás se haya visto. José Pekerman, otro gran entrenador argentino, dijo de Carlovich que era un humilde y extraordinario jugador. Jorge Valdano valoró a El Trinche como un jugador de una inteligencia superior, un jugador técnico hasta lo vicioso. Y así, un sinfín de nombres importantes del fútbol de ese país lo han reconocido. Sin embargo, El Trinche prefirió mantenerse en la sencillez de un club humilde y, prácticamente, gran parte de su carrera la desarrolló en el modesto Central Córdoba de Rosario, el club que amó y al que dedicó sus mejores momentos balompédicos.
Pero, ¿quién era ese tal Trinche del que todos los rosarinos y no rosarinos hablaban?
Tomás Felipe Carlovich, más conocido como «El Trinche Carlovich», nació en la ciudad de Rosario un 19 de abril del año 1946. Surgió de los potreros del barrio de Belgrano de la ciudad rosarina y pasó por nada menos que 11 equipos a lo largo de su dilatada carrera como jugador, desarrollándose la misma en el denominado fútbol del ascenso. Fue uno de esos llamados nómadas del fútbol, aunque su trote estelar tuvo lugar en el modesto Central Córdoba de Rosario, equipo en el que militó en diversas etapas de su vida, durante las temporadas 1972-1974, en 1978, en 1980-1983 y, finalmente, en 1986. No obstante, y además del llamado fútbol del ascenso, también disputó encuentros en la máxima categoría del fútbol argentino; bien es cierto que solo fueron 4, con el equipo Colón de Santa Fe, allá por el año 1977. Un año después, y desde este equipo, derivó a Central Córdoba de Rosario.
Carlovich jugaba de volante central. Jugador algo lento, pero de ideas claras y rápidas, poco amante de exhibiciones físicas, con un andar y un correr sosegado y cansino. Un gran dominador del llamado fútbol potrero. De vida deportiva longeva, jugó hasta los 42 años, hizo efectiva su retirada en 1988. Su jugada favorita, y la que le dio una inmensa fama, consistía en hacer caños a los rivales y, en la misma jugada, volvérselo a hacer (lo que se conocía como «el doble caño» o «el caño de ida y vuelta»). Este tipo de jugada le costó más de un altercado con algún que otro rival.

Dice la leyenda que ostenta el récord de mayor tiempo consecutivo en posesión del balón; se habla de 10 segundos seguidos. Pero, claro, es leyenda.
En un partido tuvo un rifirrafe con un jugador contrario y terminó siendo expulsado. Los espectadores que habían ido exclusivamente a verlo armaron tal quilombo que al pobre referí no le quedó más remedio que devolverlo a la cancha y anular la expulsión. Y es que, en aquel tiempo, la gente tanto de Central Córdoba como de los equipos rivales iba a la cancha no a ver a sus equipos, sino a ver al Trinche Carlovich. De ahí se hizo tan famosa y popular la frase célebre en todo el noreste y oeste de Argentina de «Esta noche juega El Trinche».
También cuentan que el equipo neoyorquino del Cosmos lo quiso fichar, pero que el mismísimo Pelé se negó a ello. No quería a nadie a su lado que pudiera hacerle sombra.
Pero lo que de verdad lo hizo mítico ocurrió en el año 1974, un 17 de abril, cuando un combinado de jugadores de los clubes de la ciudad de Rosario (5 por parte de Newell’s Old Boys y 5 por parte de Rosario Central), junto con El Trinche, disputaron un partido amistoso contra la selección argentina, como fase preparatoria para la disputa del Mundial 74 en Alemania. Esta mezcla rosarina le dio tal baile al combinado argentino, teniendo a El Trinche como máxima figura, que el entrenador de la selección (Vladislao Cap) pidió, al final del primer tiempo y cuando esta perdía por 3-0, la retirada del terreno de juego de Carlovich. Hasta ese momento, y reconocido por todo aquel que presenció el encuentro, como el mejor jugador de los 22 sobre el césped.
Y, después de conocer estas circunstancias, ¿por qué no triunfó El Trinche?; ¿por qué no despuntó en 1.ª división?; ¿por qué ningún equipo, de los considerados grandes, optó por su fichaje? La contestación es fácil: porque El Trinche no quiso. No le apetecía alejarse de su familia, de su entorno, de su barrio, de su ciudad. Él amaba esas pequeñas cosas que tenía en Rosario, pero que le faltarían en otros lugares. Además, El Trinche no era un deportista sacrificado. Era más bien un tipo pasota en el esfuerzo, pero que amaba el fútbol (casi más que ir a pescar) y con unas cualidades innatas para su desarrollo. Por todo ello, se ganó el sobrenombre de «El Maradona que no fue». Pero, en fin, vete tú a saber.
A El Trinche lo mataron en la ciudad que tanto amaba. Un desalmado hijo de remil putas le atacó en la calle mientras paseaba en bicicleta, provocando su caída y golpeándose la cabeza contra el asfalto. Pese a todos los esfuerzos médicos, Tomás Felipe Carlovich falleció en la mesa de operaciones cuando trataban de recuperarle del traumatismo craneoencefálico que padecía a consecuencia del asalto que sufrió. Era el 8 de mayo de 2020, cuando uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol argentino dejó de existir.
Y todo, por robarle una mísera bicicleta. ¡Manda huevos!
ALBERTO VEGUE


















