LA TRAGEDIA DE SUPERGA

Ocurrió hace ya 77 años y todavía persiste en la memoria de todo aficionado al fútbol transalpino, independientemente de la edad que tenga. El hecho que vamos a tratar conmocionó a toda la sociedad italiana de la época e incluso de muchos años después, y fue tal su repercusión que se llegaron a modificar y abandonar, durante un tiempo, los tradicionales medios de transporte que usaban los equipos italianos en sus desplazamientos. Fue una verdadera catástrofe. Me estoy refiriendo a la conocida como «La Tragedia de Superga», es decir, el accidente aéreo sufrido por el equipo de fútbol del Torino y que tuvo lugar el 4 de mayo de 1949.

El suceso fue que el avión que transportaba al equipo turinés se estrelló, esa fatídica tarde, contra una de las laderas del conocido como monte Superga, de algo más de 600 metros de altitud y ubicado al este de la ciudad de Turín, cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad, próximo al lugar de la colisión. La causa: las malas condiciones climatológicas que había en esos momentos, las fortísimas rachas de viento y la poca visibilidad por la densa niebla que cubría Turín. El resultado del accidente fue de 31 muertos (todos los que iban en el avión), de los que 18 eran jugadores del Torino FC (el equipo en su totalidad), empleados del club, periodistas y la tripulación del aparato. No hubo ningún superviviente. El único jugador que se salvó del plantel profesional que tenía el equipo esa temporada fue el defensa Sauro Tomà, quien no pudo viajar ya que estaba lesionado y se quedó en la ciudad del Piamonte.

El equipo regresaba de participar en un partido de homenaje y despedida al jugador luso Francisco, «Xico», Ferreira, que en esos momentos militaba en el Benfica portugués. En aquellos momentos, el Torino estaba considerado el mejor equipo del mundo. Era un conjunto plagado de figuras y que participaba en este tipo de eventos con el fin de recaudar dinero para poder seguir manteniéndose como escuadra puntera y competitiva a nivel mundial. No era gratuito que el equipo fuese conocido en todo el orbe futbolístico como «Il Grande Torino» (El Gran Torino). En la fecha del accidente, el Torino FC marchaba líder en la competición italiana a falta de muy pocas jornadas para el final del campeonato de liga y el dominio que ejercía en las distintas competiciones era apabullante. Obtuvo, en la década de los años 40 del siglo XX, cinco de los siete títulos de campeón de la Serie A que posee hasta el día de hoy. Y fueron conseguidos consecutivamente (desde la 1942/1943 hasta la 1948/1949; no hay que olvidar que en 1944 y 1945 no hubo campeonato por el desarrollo de la II GM). No volvió a ganar un nuevo campeonato de liga hasta la temporada 1975/1976. Tuvo que esperar 26 años para poder volver a inscribir su nombre bajo el título de campeón. Tampoco hay que olvidar que, en la fecha del fatídico accidente, el Torino era la base de la selección italiana, dándose la circunstancia de que, a veces, de los once jugadores titulares de la selección, diez pertenecían a la disciplina del Toro.

La psicosis del accidente y sus consecuencias fueron de tal magnitud que la selección italiana que iba a disputar al año siguiente el Mundial de Brasil realizó el viaje por vía marítima.

Ladislao Kubala, el jugador y seleccionador húngaro-español, iba en un principio a viajar con la expedición turinesa a Lisboa para disputar el partido. En ese entonces, Kubala militaba en el Aurora Pro Patria, de la región de Lombardía, y por invitación de Valentino Mazzola, la máxima figura de aquel desgraciado Torino, iba a acompañar al equipo y participar en el encuentro de Lisboa, pero un oportuno viaje de su esposa e hijo a Turín le hizo quedarse en la ciudad para su reencuentro familiar. Eso le salvó la vida.

Esta tragedia que estamos narrando constituye la mayor sufrida por el fútbol italiano en toda su historia. A raíz de la misma, las muestras de solidaridad, tanto a nivel doméstico como internacional, fueron abrumadoras y tremendamente generosas. Baste destacar dos circunstancias que avalan cuanto decimos. La primera es que el Torino debió disputar los pocos encuentros que restaban para el fin del campeonato con sus juveniles. Sus rivales, en muestra de solidaridad y respeto, también jugaron con juveniles. La segunda es que el equipo argentino del River Plate se volcó en ayudar económica y moralmente a lo que quedaba del equipo italiano. Se organizaron partidos amistosos para recaudar dinero para las familias de las víctimas, se hermanaron ambos equipos e incluso River acudió a Turín a disputar el amistoso con todas sus figuras del momento (Di Stéfano, Labruna, Carrizo). Llegó a tal punto ese hermanamiento que durante tiempo River usó como camiseta suplente la borravino del Torino FC y el Torino cambió su alternativa por la blanca con franja en diagonal roja del CA River Plate.

A escasos kilómetros de la ciudad de Turín, en el término de Grugliasco, se encuentra el llamado oficialmente«Museo de Grugliasco», conocido popularmente como «El museo de la tragedia de Superga», donde un grupo de fanáticos altruistas seguidores del Torino te muestran innumerables objetos y documentos obtenidos de los restos del avión. Lamentable e incomprensiblemente, el museo no recibe, hasta el día de hoy, ninguna ayuda por parte del club «torinese». Ver para creer.

Y un último apunte: la tragedia de Superga fue la primera gran catástrofe aérea sufrida por un equipo de fútbol profesional, pero no ha sido la única. Con el correr del tiempo ha habido una serie de desgracias asociadas al medio aéreo y al balompié. Así, recordamos la del Manchester United inglés en 1958; la de la selección danesa de 1960; la del CD Green Cross chileno de 1961; la del The Strongest boliviano de 1969; la sufrida por el club uzbeco Pajtakor Tashkent en 1979; la del club peruano Alianza Lima de 1987; la sufrida por la selección de Surinam en 1989; la de la selección de Zambia en 1993; la del brasileño Chapecoense de 2016 y la del también brasileño Palmas Futebol e Regatas de 2021. Pero de estas tragedias ya hablaremos otro día.

ALBERTO VEGUE

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

BALA ROJA GOROSTIZA

Existen muchos deportistas que ni durante sus carreras deportivas ni al finalizar las mismas y pasar al retiro, saben gestionar adecuadamente sus vidas. Unos por desmanes que se adquieren a consecuencia de la fama, o a consecuencia del dinero, o de esa situación de estar sumido en el privilegio de pertenecer a una élite o nicho de los llamados y de los elegidos por la varita de la suerte. Otros, porque no saben qué hacer al terminar sus carreras deportivas o porque están en la creencia de que pueden seguir subidos al carro de la fama y del glamour por los siglos de los siglos. Lo que es una realidad visible es que nos encontramos, sobre todo en este último caso, con personas que han roto sus vidas al no saber gestionar y no estar capacitadas ni preparadas para el futuro que les viene encima y al que se enfrentan. Así nos encontramos con que cada vez más deportistas, sin importar la materia, solicitan ayuda externa psicológica para saber llevar esta nueva situación y saber convivir con ella. Afortunadamente, desde hace unos años vemos que a esta posición se le está tratando de encontrar una salida y cada vez hay un mayor número de seguidores de la utilización de métodos de ayuda mental.

Cuando retrocedemos años atrás, muchos años atrás, podemos comprobar que en el mundo del fútbol y a nivel global, se han dado multitud de casos en los que los futbolistas se han encontrado perdidos al finalizar su singladura deportiva. Ante la nueva situación a la que se enfrentan, se ven despojados de sus habituales quehaceres del día a día, los cuales ya no existen; desaparecen sus privilegios acomodados durante su trayectoria deportiva, de sus emolumentos, en general muy superiores a la media de los mortales, y se encuentran con que son una figura casi anónima, un ser más de los millones que pueblan las calles. En una palabra, no han sabido, no han previsto o no han querido afrontar la nueva situación que se les venía encima y se han perdido en las entrañas de una vida más que azarosa que, en la gran mayoría de los casos, va unida a conductas cuanto menos reprochables. Ejemplos tenemos una infinidad en el mundo del balompié. Por citar exclusivamente a algunos casos de famosos que se han visto envueltos en estas situaciones, podemos citar al inglés Paul Gascoigne, a los brasileños Sócrates, Adriano Leite y Garrincha, al italiano Christian Vieri, al irlandés George Best, y así podríamos seguir enumerando hasta miles de futbolistas.

Puestos en situación del problema que ha existido, existe y, mucho me temo, que existirá, hoy me voy a centrar específicamente en uno de ellos, español por más señas, nacido en el País Vasco y que fue toda una referencia de la banda izquierda, tanto a nivel de los clubes en los que militó como a nivel de la selección española. Me estoy refiriendo al magnífico Guillermo Gorostiza, también conocido como «Bala Roja».

Gorostiza nació en la localidad vizcaína de Santurce, un 15 de febrero de 1909.  Jugador mítico de los clubes Athletic Club y Valencia CF, también del Racing Club de Ferrol. En el club bilbaíno formó parte de una de las delanteras de leyenda con las que ha contado el club vasco, ganando en cuatro ocasiones el campeonato de Liga y en otras cuatro ocasiones el campeonato de Copa. Del Athletic y ya con cierta edad (31 años), fue traspasado al Valencia CF, donde también rindió al máximo nivel durante 6 temporadas más y formando parte de una de las mejores delanteras que ha poseído el club valenciano. En el club che ganó dos campeonatos de Liga y una Copa. Finalmente, se retiró con 40 años en el CD Logroñés al final de la temporada 1948/1949. Durante su etapa activa de jugador defendió los colores de la selección española un total de 19 ocasiones.

Era conocido por el apodo de «Bala Roja». Dice la leyenda que este apelativo se lo ganó por su endiablada velocidad en el juego. Los que le vieron jugar comentaban que era tan veloz que la camiseta rojiblanca del Athletic solo se veía roja de la velocidad que imprimía a sus carreras durante el juego.

Gorostiza fue siempre un amante de las mujeres y del alcohol. El vino y el coñac fueron siempre, desde muy joven, sus compañeros inseparables a lo largo de toda su vida, tanto deportiva como extradeportiva. Sus borracheras eran frecuentes, sus escándalos traspasaban los vestuarios, sus habituales visitas a los peores tugurios también. Tuviera que jugar o estuviera de descanso. Ya desde su etapa en el Athletic apuntaba maneras.

Guillermo Gorostiza murió el 24 de agosto de 1966, en la más absoluta indigencia y sin que sus familiares quisieran saber nada de él. Murió en el antiguo asilo sanatorio de Santa Marina, a las afueras de la ciudad de Bilbao y hoy desaparecido, al cuidado de las Hijas de la Caridad. Murió en la más absoluta menesterosidad; tan solo conservó, como recuerdo imborrable de aquellos lejanos días de gloria, una pitillera de oro que le regaló el presidente del Valencia CF, con la leyenda «al mejor extremo izquierdo del mundo de todos los tiempos».

Su historia y su situación fueron plasmadas en un documental titulado «Juguetes rotos», por el cineasta Manuel Summers en 1967.

ALBERTO VEGUE

BALA ROJA GOROSTIZA

LEONES NEGROS DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

Si hay una equipación futbolística, en este caso concreto una remera o camiseta distintiva de un equipo, que llame la atención por el colorido impactante en cualquiera de sus diseños, esta es la del equipo mexicano Club Deportivo Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, en la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, al oeste de México.

Su colorida y sorprendente indumentaria, única en el mundo, la componen una camiseta a rayas verticales rojas, negras y amarillas (aunque en sus inicios la zamarra era de color azul con líneas verticales amarillas) y, según la temporada, las rayas pueden ser más anchas o más estrechas, rectas, curvilíneas, etc. Los pantalones y las medias son negros, bastante más sobrios.

Se le conoce con los sobrenombres de «Los Leones Negros» (por la gran cantidad de jugadores brasileños que figuraban en sus filas cuando debutó en 1ª división). También responden al apodo de «Melenudos» e incluso al de «U de G». Su símbolo, ligado íntimamente con sus apodos, es un melenudo león negro. Se trata de un club relativamente joven, ya que fue fundado en el año 1970, por lo que tiene solo 56 años de vida.

Mantiene una estrecha y disputada rivalidad con los otros clubes de su ciudad. Con el Tecos FC, disputa el llamado Clásico Universitario de Guadalajara. También mantiene rivalidad, aunque con menor énfasis, con el CD Guadalajara, más conocido como Chivas, y con otro reconocido equipo universitario, el Club Universidad Nacional, más conocido como Pumas de la UNAM, de la Ciudad de México.

Hasta el día de hoy, no ha conseguido quedar campeón de la liga mexicana, aunque sí ha obtenido el subcampeonato hasta en un total de tres ocasiones. Por lo que respecta a la Copa de México, la ganó en la temporada 1990/1991, habiendo quedado como subcampeón en otras dos oportunidades. A nivel internacional, solamente ha participado en la Copa de Campeones de la Concacaf, allá por el año 1978.

Hizo su debut en la élite del fútbol azteca en la temporada 1974/1975 y en esa categoría se mantuvo hasta el año 1994, en que, tras un grave declive, el club desaparece, manteniendo solo una estructura como equipo en la entonces llamada 2.ª división. Los años siguientes, el equipo oscila entre la 1.ª y la 2.ª división, hasta que definitivamente queda anclado en el segundo nivel.

Desde el año 2020 y hasta el 2026, disputa y disputará la llamada Liga de Expansión MX. Esta liga constituye un impasse de 6 años en los que en el fútbol mexicano no habrá ni ascensos ni descensos de categoría. Con ello, se pretende preservar a los equipos que disputaban el segundo nivel y que mantenían problemas financieros, para que lograran sanear sus economías, estabilizaran sus reservas y así evitar la desaparición de los mismos y, por ende, la extinción de la segunda categoría del fútbol en el país.

Durante la temporada 2026/2027, se volverá al clásico sistema de ascensos y descensos, sin que se conozcan, a día de hoy, los requisitos necesarios para completarlos.

ALBERTO VEGUE

LEONES NEGROS DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

EL PUMA QUE VINO DEL CLUB ATLÉTICO SAN TELMO

Corría el verano de 1974 cuando el CD Castellón decidió incorporar a sus filas a un delantero centro goleador argentino. En España, hacía un año que se había liberado la contratación de dos jugadores extranjeros por equipo, después del fiasco de los oriundos acaecido en años anteriores, y se había liberalizado el mercado, aunque de manera limitada, ya que, como hemos comentado, solo podían fichar a dos extranjeros por equipo y exclusivamente para aquellos que militaban en 1.ª y 2.ª división. Eran aquellos tiempos en los que las canchas, aunque de césped, tenían calvas; cuando llovía, se embarraban o parecían piscinas; y la dureza de las defensas se entendía como un pasaje más del juego y estaba a la orden del día.

La directiva del CD Castellón tenía referencias de un delantero argentino de fuerte constitución, que no se acobardaba ante las defensas contrarias, peleón y con un disparo demoledor (su mejor arma, según el propio jugador). Era conocido futbolísticamente como «El Puma», también como «El Cañonero», aunque su nombre real y completo es José Juan Cioffi Morgillo. Este jugador, criado en la cantera de San Lorenzo de Almagro, era el delantero centro titular del CA San Telmo, club que en ese entonces militaba en la 2.ª división argentina. Debutó en las filas del club «Candombero» en el año 1971 y despuntó durante un trienio (1971-1974), convirtiéndose en toda una referencia para la categoría y siendo uno de los máximos goleadores de la división de plata argentina, sobre todo en la temporada 1973/1974, lo que llamó la atención del club español, quien finalmente optó por su fichaje y lo incorporó a sus filas.

Cioffi aterriza en la ciudad castellonense y defiende los colores del CD Castellón durante el periodo 1974/1977, impactando a toda la sociedad futbolística de la ciudad por su empuje, su entrega, su lucha y, sobre todo, por sus goles. En esa primera temporada, la 1974/1975, se convierte en el máximo artillero del equipo e igualmente en el máximo goleador de la categoría, obteniendo el trofeo Pichichi como máximo realizador en la 2.ª división española. Este hecho fue un hito para el CD Castellón, pues, hasta esa fecha, ningún jugador a lo largo de su dilatada historia había alcanzado tal galardón. Lo conseguido por José Juan Cioffi se convirtió en una hazaña futbolística de tal envergadura para el club, que se tardaron más de 15 años en que otro jugador de la entidad lo volviera a conseguir. Su marca ahí queda: logró en liga un total de 22 goles a lo largo de todo el campeonato, por delante de jugadores bastante conocidos como Marianín (Oviedo), Aitor Aguirre (Racing de Santander) o Biri Biri (Sevilla FC).

Con el club castellonense jugó en ese periodo de tres años un total de 117 partidos, obteniendo un total de 50 goles. Aun siendo una persona muy querida y respetada en la ciudad y en la provincia mediterránea, al final de la temporada 1976/1977 ficha por el Burgos CF, que en aquellos momentos disputaba el campeonato de 1.ª división. Se encamina hacia tierras burgalesas, debutando en la máxima categoría del fútbol español en la temporada 1977/1978. Una inoportuna lesión, ocasionada por un compañero durante un entrenamiento, hace que Cioffi no juegue todo lo que él quisiera, tan solo 10 partidos y 3 goles, y en enero del año 1979, cambia de equipo y de ciudad y se encamina hacia Baracaldo (Vizcaya), donde juega hasta final de temporada. En el Baracaldo CF, entonces en 2.ª división, disputa en esos meses un total de 11 partidos, consiguiendo 2 dianas. Para la temporada 1979/1980 retorna a su primigenia provincia futbolística, un poco desencantado por la no total y satisfactoria recuperación de su lesión de tobillo, y decide jugar en el Vinarós CF, disputando en sus filas y durante un periodo de tres años el tercer nivel del campeonato español.

Finalmente, decide retornar y jugar en el club de sus amores, el CD Castellón, durante su última temporada en activo, la 1982/1983, decidiendo poner fin a su vida futbolística al término de la misma y abandonando el fútbol de competición al más alto nivel.

Desde hace muchos años, José Juan Cioffi Morgillo regenta, junto con su familia, una de las mejores pizzerías, si no la mejor, de la localidad de Alcossebre (Castellón), donde, con su amabilidad característica (pese a su gesto adusto y serio), siempre podrás departir con él unos minutos agradables de fútbol.

Grande Cioffi.

ALBERTO VEGUE

EL PUMA QUE VINO DEL CLUB ATLÉTICO SAN TELMO

EL CLAVEL Y LA ROJA

Poca gente tuvo conciencia de este detalle, que pasó desapercibido para la gran mayoría de los seguidores de la selección española de fútbol y al público en general. Todo ocurrió durante el año 2024, año en que se disputó la Eurocopa del 2024 celebrada en Alemania y de la que España resultó, a la postre, campeona, consiguiendo así su cuarto trofeo en esta competición. Y ocurrió, también durante la disputa de la UEFA Nations League 2024/2025, donde la selección española también cosechó un excelente resultado, consiguiendo el subcampeonato del torneo.

El hecho al que me refiero y que reitero, pasó casi completamente desapercibido, fue el detalle de la inclusión de un clavel en la parte posterior del cuello de la zamarra española, tanto en la camiseta titular como en la segunda y tercera equipación. ¿Y a qué obedecía la circunstancia de la inclusión de esta pequeña divisa, un clavel, en la vestimenta deportiva de nuestra selección? Pues os vamos a contar la historia completa: la marca deportiva alemana Adidas ha vestido, durante más de 40 años, a nuestra selección, e incluso la viste actualmente, finalizando el contrato a finales del año 2030. Ahora, vamos a aunar estas dos particularidades: Adidas, firma de procedencia alemana, con la selección de España, y retrasémonos algunos siglos en la historia de ambos países.

No es una clase de historia, pero, como muchos debéis saber, en el segundo cuarto del siglo XVI gobernó en España un emperador llamado «Carlos I de España y V de Alemania», quien ostentaba el título de «Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico». Este emperador estaba casado con Isabel de Portugal.

La Alemania de aquel entonces pertenecía a esos dominios, es decir, a los dominios de Carlos I de España y V de Alemania. Este personaje histórico e importante para, entre otros, España, tuvo a bien regalar a su esposa, Isabel de Portugal, un clavel. Y tuvo tanto éxito la dádiva de esta flor ante Isabel de Portugal que Carlos I hizo plantar miles de claveles en los jardines de la Alhambra (Granada), lugar de residencia de ambos. Es más, cuando falleció, años más tarde, Isabel de Portugal, la hizo enterrar entre claveles, convirtiéndose desde ese preciso instante en la «flor nacional de España».

La firma deportiva Adidas, no desconocedora de esta circunstancia, quiso homenajear a la selección española, en la Eurocopa del 2024, incrustando la figura de un clavel en la indumentaria, como símbolo de la unión y relación (no solo comercial) entre los dos países. En este caso y para ceñirnos al asunto, el que fabrica las camisetas y el que juega con ellas. Bonita historia, bonito detalle y bonito final de esa competición, en la que, como ya hemos dicho, España resultó campeona.

Y ya que estamos hablando de la equipación de la selección española de fútbol, aprovecharemos para dar alguna información, cuando menos curiosa, de la historia de las distintas camisolas que ha usado la selección de España. La camiseta titular ha sido, desde sus inicios allá por 1920, de color rojo (a veces con motivos amarillos o azules o blancos), con pantalones azul marino y medias negras.

Aunque es conveniente decir que no siempre fue así. A saber, desde el fin de la Guerra Civil española y hasta 1947, por motivos políticos, el color de la camiseta española fue azul. En ambos colores, rojo o azul siempre hubo alguna que otra innovación.  Valga como ejemplo decir que en los años 1924 y 2013 el rojo llevaba en el pecho una especie de V, también llamada escapulario, de color amarillo.

La zamarra azul de despuésde la guerra aportaba como escudo el yugo y las flechas, símbolos del bando vencedor de laconfrontación civil española. La de color azul del año 1941 coloreaba el cuello con bandas rojasy amarillas. La remera de 1982 y de 1990, que era roja, adornaba sus hombros con bandas amarillas. Y, por citar unas últimas, detallaremos que en las de los años 1994, 1996, 2000 y 2015, su color rojo era acompañado por vivos azules y amarillos.

Esta toma de posesión del color rojo como distintivo de la equipación nacional conllevó variosapodos o apelativos a lo largo de estos más de 100 años de existencia. Desde los iniciales»Furia Roja» o «Sangre de Toro» hasta el más conocido y moderno de «La Roja», siendo el padre de este postrero alias el inolvidable seleccionador español Luis Aragonés.

Se da el caso curioso de que, pese al abrumador dominio del color rojo en los partidosdisputados por la selección, en el mayor éxito conseguido hasta ahora —y nos estamos refiriendo al Mundial de Sudáfrica—, la selección vestía de azul. Al igual que ocurrió en la obtención de la Eurocopa del año 1964, en la que España también vistió de azul. No por ello la vestimenta roja está exenta de la obtención de triunfos; baste recordar las Eurocopas cosechadas en los años 2008,2012 y 2024.

ALBERTO VEGUE

EL CLAVEL Y LA ROJA

EL ROMPERREDES

Hubo hace muchos años en España un jugador de fútbol que, debido a la potencia de su disparo, se le bautizó como «El Romperredes». Apodo que, según dicen las crónicas de la época, hacía justicia al protagonista de nuestra historia de hoy.

La figura que hoy queremos ensalzar se llamaba Paulino Alcántara y nació en Filipinas, allá por los fines del siglo XIX, en concreto el 7 de octubre de 1896, falleciendo en Barcelona en el año 1964. De padre español destinado en Filipinas (era militar) y madre originaria de esas islas, cuando finaliza la llamada guerra de Filipinas la familia, se traslada a Barcelona, precisamente el mismo año en que se funda el club culé. En esta ciudad estudia la carrera de medicina, estudios que condicionaron toda su vida Ingresa en el club de la Ciudad Condal y con 15 años debuta con los culés, a instancia y sugerencia del mismísimo Joan Gamper, padre y  fundador del gran FC Barcelona que conocemos a día de hoy.

Después de consolidarse en el FC Barcelona de aquella época, decide tomar otros rumbos y dedicarse a su vocación médica, por lo que se traslada a su originaria Filipinas durante un periodo de 2 años, en los que no deja de jugar al fútbol en equipos de aquellas tierras, llegando, incluso, a debutar con la selección de Filipinas. No obstante, en 1918, decide regresar a la ciudad de Barcelona y establecerse definitivamente en España, desarrollando todo su talento futbolístico en el Barça.

Una de sus grandes cualidades balompédicas era su potente disparo, por lo que se la apodó «El Romperredes». El apodo nació un día en que la selección española se enfrentaba a la selección francesa en la ciudad de Burdeos. Estamos hablando de 1922. En el transcurso del partido, un fortísimo disparo de Paulino Alcántara se coló en la portería, rompiendo la red, ante la perpleja mirada de propios (sus compañeros de selección) y extraños (jugadores franceses y público asistente). Y ahí nació el apelativo por el que, a partir de entonces, fue más conocido en el ambiente del balón. Posteriormente, compañeros suyos comentaron que las redes de las porterías donde se desarrolló el partido estaban hechas una pena, llenas de agujeros, etc. Con agujeros o sin ellos, lo cierto es que el único que la rompió con su potente disparo fue Paulino Alcántara, «El Romperredes».

Además de romper redes con los chupinazos que se marcaba, el bueno de Paulino fue el primer jugador asiático en jugar en el fútbol europeo. Jugó durante 15 temporadas en el Barça, logrando marcar un total de 143 goles en partidos oficiales (consiguiendo un triplete en su debut) y 252 goles en partidos amistosos. 

Consiguió con el FC Barcelona un total de 5 Copas de España. En su currículo no figura ningún campeonato de liga, ya que esta competición se inició en España a partir de 1928, habiéndose retirado Alcántara un año antes, en 1927.

También fue internacional por España hasta en 10 ocasiones; no olvidemos que cuando nació Filipinas era un territorio español de ultramar, disputando también 4 encuentros con la selección filipina.

Se retiró joven, a la edad de 30 años, para dedicarse completamente a la medicina, su verdadera vocación. 

Y para que no falte nada en la referencia a su profusa vida deportiva, recordemos que fue seleccionador español en el año 1951, durante un total de 3 partidos, en los que consiguió una victoria y 2 empates.

Paulino Alcántara, «El Romperredes» fue nombrado en 2007 por la FIFA como el mejor jugador asiático (aunque era español) de todos los tiempos.

Y una última anécdota sobre nuestro personaje: jugaba siempre con un pañuelo blanco colgando del pantalón. Una más de las rarezas del fútbol y de los futbolistas.

A lo largo de la historia del balompié, ha habido grandes cañoneros, es decir, jugadores con una potencia temible de disparo. No olvidemos al brasileño Ronnie Heberson, que mandaba a la pelota a más de 220 km/h, o los holandeses Arjen Robben y Ronald Koeman, o el italiano Gigi Riva (mi favorito), que en un entrenamiento del Cagliari disparó a puerta y el balón se dio de lleno contra un niño, rompiéndole el cúbito y el radio.

ALBERTO VEGUE

EL ROMPERREDES