EL INFORTUNIO DE LA FAMILIA MOROSINI

Si algo pone los pelos de punta o la carne de gallina es conocer cómo la desgracia se puede cebar con una persona sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo, ni el propio protagonista. Al final te das cuenta de que muchas de las cosas que nos ocurren dependen de la suerte. Otras, de estar en el lugar inadecuado en el momento más inoportuno. Y lo malo es que a veces no lo ves venir. Pero, de repente, se nos tuerce nuestra vida y la de nuestros allegados. Y no puedes hacer absolutamente nada. Y como para muestra bien vale un botón, vamos a detallar a continuación un caso en que el infortunio fue, durante una década, el patrimonio adlátere de un centrocampista italiano del club de fútbol Livorno Calcio, llamado Piermario Morosini. Pues esta trágica y penosa historia merece la pena ser contada.

Piermario Morosini nació en la ciudad de Bérgamo, en la región de Lombardía, un 5 de julio de 1986. Sus inicios futbolísticos tuvieron lugar en las categorías inferiores del equipo de su ciudad, el Atalanta Bergamasca Calcio. Del Atalanta fue traspasado al Udinese Calcio en el año 2005, debutando ese mismo año, con 19 años, en la Serie A del fútbol italiano, es decir, en la máxima categoría. Ya había vestido la camisola azzurra de la selección nacional en las categorías sub-17 y sub-19 en distintas ocasiones. Pero, pese a sus buenas maneras y a sus internacionalidades, no encontró su sitio en la formación de la ciudad de Udine, por lo que fue cedido a distintos equipos de la Serie B del campeonato transalpino. Así, durante la temporada 2006/2007 defendió los colores del conjunto rossoblù del Bolonia FC, que en esos momentos disputaba la Serie B (Segunda División). Finalizada la temporada, el Udinese Calcio lo volvió a ceder a otro club; en esta ocasión fue al L.R. Vicenza, también de la Serie B, aunque en esta ocasión permaneció en la entidad del Véneto por dos temporadas, la 2007/2008 y la 2008/2009. En el siguiente curso futbolístico, también en la Serie B, defendió los colores de dos escuadras distintas: la primera fue la Reggina Calcio 1914, con la que disputó 17 partidos; la segunda, el Calcio Padova. Finalizada la temporada se reintegró a la disciplina del Udinese, pero sin llegar a cuajar ni a disputar un solo partido, por lo que decidió volver a salir cedido del equipo y retornar al Vicenza Calcio para la 2010/2011. Finalmente, para la 2011/2012 formó en las filas de la AS Livorno, en la Serie B, siendo este el último equipo en el que militó.

Morosini falleció de un ataque al corazón mientras disputaba un partido frente al Pescara Calcio. Corría el minuto 31 de la primera parte cuando repentinamente el jugador se desvaneció sobre el terreno de juego. Pese a que en un primer momento quiso levantarse en un par de ocasiones, no lo consiguió. De igual forma, los posteriores intentos de reanimación practicados tanto en el estadio como en un hospital de la ciudad de Pescara fueron inoperantes, pues falleció pocas horas después de su desvanecimiento. Era el 14 de abril de 2012. El centrocampista Piermario Morosini tan solo contaba con 25 años de edad. Los equipos contendientes en ese partido, tanto la L. R. Vicenza como la AS Livorno, en un gesto de homenaje póstumo, retiraron de sus futuras equipaciones el dorsal n.º 25, número con el que jugaba Piermario.

Lamentablemente, Morosini fue un hombre perseguido por la tragedia y la desgracia. A la edad de 15 años perdió a su madre. A los 17 fue su padre quien falleció. Meses más tarde, un hermano discapacitado que tenía, Francesco, se suicidó, quedando únicamente de la unidad familiar una hermana (Carla Maria), también con una discapacidad profunda, y él mismo; constituyéndose, pues, como tutor y único sustento económico de tan diezmada familia.

Con la muerte de Morosini, el desamparo de su discapacitada hermana era más que evidente y preocupante, pero siempre suele haber un alma caritativa, un filántropo, un altruista; en definitiva, un bienhechor que aparece y da solución a un problema grave. En el caso que nos ocupa, el bienhechor fue el también futbolista, hoy ya retirado, Antonio «Toto» Di Natale, capitán, compañero y amigo de Piermario Morosini en el Udinese Calcio, quien en un gesto de una tremenda humanidad acogió y se hizo cargo de la custodia legal de Carla Maria Morosini. Preguntado por esta circunstancia, respondió con estas palabras: «Mario era como un hermano para mí. Le apreciaba de una forma especial por todo lo que había sufrido y porque era un chico estupendo. Su hermana lo era todo para él». Di Natale y el fútbol italiano en general, pero sobre todo los clubes Atalanta y Udinese, en un gesto que les honra, decidieron hacerse cargo de por vida de los gastos y cuidados de la hermana de Piermario Morosini.

Y así ha sido hasta nuestros días.

ALBERTO VEGUE

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EL INFORTUNIO DE LA FAMILIA MOROSINI

HASTA EL RABO TODO ES TORO


Imagínate que tu equipo juega la final de un campeonato de fútbol importante, muy importante. Llevas días, semanas, meses esperando este acontecimiento y por fin llega el día en que ocurre. Rodeado de los tuyos y de tus afines, te preparas para disfrutar del espectáculo delante, por ejemplo, de un televisor. Y confías, interiormente confías, en poder disfrutar del encuentro y ver ganar a tu equipo. Se van a enfrentar, en esos momentos, los dos mejores equipos de la competición. Las fuerzas están muy equilibradas, la balanza puede oscilar hacia uno u otro lado. Cruzas los dedos, te encomiendas a los espíritus, creas en ellos o no. Llega la hora y el partido comienza. Tus nervios a flor de piel, el corazón te late deprisa, repasas todas tus supersticiones por si te has dejado alguna sin cumplir y poder hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Todo está en su punto.

Pero las cosas son como son y no como queramos que sean. Y así, a los 5 minutos del comienzo, casi sin dar tiempo a que se posicionen en el campo los equipos, el tuyo encaja un gol. ¡Maldita suerte la mía! Se empieza perdiendo por 0-1, pero hay esperanza, dicen que es lo último que se pierde, queda un mundo de partido. El tiempo de juego transcurre cada vez más deprisa y tu equipo sigue perdiendo. No se endereza la situación. Las fuerzas de los conjuntos siguen estando muy equilibradas. El final está cada vez más cerca. Te cunde el pesimismo. Minuto 90 de partido, sigue el mismo resultado y tu equipo sigue cayendo derrotado. Se escapa la Copa. El árbitro concede tres minutos de descuento. Y en ese tiempo del alargue, concretamente en el minuto 91, gol de tu equipo. Te quedas epatado. No reaccionas. Pero eso no es todo, en el último minuto de descuento, cuando el árbitro ya se dirige el silbato a la boca para pitar la conclusión, ¡gol de tu equipo! ¡Dios mío! Rápidamente, el equipo contrario saca de centro y no hay tiempo para más, el colegiado pita el final del partido. Es el sumun.

Si en ese momento te mueres, ya mueres tranquilo.

Ahora no hace falta que te lo imagines. Pasajes finales de la temporada 1998/1999. Colofón final de la llamada Liga de Campeones de la UEFA o, si se prefiere y para que nos entendamos todos, final de la Copa de Europa o final de la Champions League. Un gran escenario: el Camp Nou de la ciudad de Barcelona (España). La fecha: un 26 de mayo. Se enfrentan dos conjuntos muy potentes, los más potentes de esa temporada: el Manchester United inglés y el Bayern de Múnich alemán.

El Manchester United había accedido a esa final eliminando, entre otros conjuntos, a los italianos del Inter de Milán y la Juventus de Turín. Por el contrario, el Bayern lo hizo venciendo a sus compatriotas del Kaiserslautern (hoy en día un equipo venido muy a menos) y al ucraniano Dinamo de Kiev.

Fue un partido muy igualado por parte de ambos conjuntos. Se adelantó en el minuto 5 el equipo bávaro por medio de su centrocampista Mario Basler de un tiro libre directo. Como ya hemos comentado en esa especie de introducción ilusoria del artículo, se llegó al minuto 90 de juego con el resultado de 0-1 a favor del equipo alemán. El árbitro concedió tres minutos de descuento. En ese tiempo de alargue, el jugador inglés David Beckham bota un córner y su compañero Sheringham introduce la pelota en la portería alemana. El Manchester empata el partido. Pero el asunto no termina ahí. Dos minutos después, se bota otro córner por parte del Manchester y esta vez es el jugador noruego Solskjaer quien marca el definitivo 2-1, consiguiendo el ansiado triunfo en el encuentro y proclamándose el equipo inglés campeón de Europa. Nadie se lo podía creer. No se daba crédito a lo vivido y a lo visto durante esos escasos minutos.

Además, y para hacerlo todo mucho más insólito, se da la circunstancia de que, de los jugadores que consiguieron marcar por parte del equipo del noroeste de Inglaterra, ninguno de los dos formó parte del once titular. Sheringham entró en el minuto 67 y Solskjaer en el 81. Pues menos mal. Y para rizar el rizo y hacerlo todo un poco más peculiar, el Manchester United, en su pase a los cuartos de final de la competición, no accedió como campeón de su grupo, sino como mejor segundo en la repesca de los mejores segundos puestos. Ver para creer.

Al partido se le denominó «El milagro del Camp Nou» (a todos los partidos con hechos similares se les denomina siempre milagros) y va a ser que sí, que los milagros existen, por lo menos en el fútbol.

ALBERTO VEGUE

HASTA EL RABO TODO ES TORO

CAÑONCITO PUM

Uno de los múltiples jugadores que podemos citar que hayan marcado una época en el fútbol español y en uno de los equipos más importantes y representativos de nuestro fútbol y del fútbol mundial es el hispano-húngaro Ferenc Puskás, aunque fuera bastante más conocido en España por cualquiera de sus dos apodos hispanos: Pancho Puskás o bien Cañoncito Pum. El primero hacía referencia a la castellanización de su nombre húngaro Ferenc = Francisco, Francisco = Pancho y el padre del apodo fue Alfredo Di Stéfano. El segundo de ellos, Cañoncito Pum, se debía a la potencia que imprimía a sus disparos con la pierna izquierda. Por cierto, la única pierna válida que usaba para jugar al fútbol.

Este extraordinario y excelso jugador nació en la ciudad de Budapest (Hungría) en el año 1927, falleciendo en esa misma ciudad en 2006.

Comenzó dándole al balón en el equipo de un barrio de su ciudad natal, el Kispest FC en la temporada 1943/1944, hasta la 1956/1957. Conviene recordar que este club, en la década de los años 50 del siglo XX, cambió su denominación por la de Budapest Honvéd FC, llegando a ser uno de los principales clubes húngaros, aunque hoy viva momentos no tan boyantes como los referidos, pues milita actualmente en el segundo escalón del fútbol magiar, la Nemzeti Bajnokság II.

En el año 1956, con motivo de la revolución húngara en contra de las imposiciones políticas de la Unión Soviética,Ferenc Puskás y otros miembros integrantes de su equipo nacional, después de jugar un partido de la Copa de Europa contra el Athletic de Bilbao, deciden no retornar a Hungría y buscarse la vida ingresando en las filas de algún equipo europeo. La FIFA y la UEFA prohibieron a cualquier club europeo el fichaje de alguno de estos jugadores durante un periodo de dos años. Transcurrido ese tiempo, en la temporada 1958/1959, y pese a los intentos del fútbol inglés e italiano para incorporarle en las filas de alguno de sus equipos, es el Real Madrid, a través del empeño personal de su presidente, Santiago Bernabéu, quien logra su fichaje (pese a sus ya 31 años de edad y su desastroso estado físico (con un sobrepeso de más de 18 kilos) para defender los colores del equipo merengue, haciéndolo hasta el fin de la temporada 1965/1966, ya con 39 años.

Hay que señalar que el fichaje de Puskás por el Real Madrid obedeció a un capricho personal de su presidente, en contra de la opinión de la secretaría técnica del club. Con esta decisión, en un principio considerada extravagante y poco técnica, el Real Madrid llegó a formar una de las mejores delanteras que hayan existido en toda la historia del fútbol, la formada por Kopa, Puskás, Di Stéfano, Rial y Gento.

En el total de su carrera, consiguió cerca de 750 goles en 750 encuentros disputados. Todo un récord. Estos números le valieron para ser considerado como el máximo goleador del siglo XX, galardón otorgado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol. De la misma manera, es considerado por la FIFA como uno de los 10 mejores jugadores de todos los tiempos.

Una vez que puso fin a su carrera como futbolista activo, se dedicó, durante los siguientes 31 años, a entrenar. Fue preparador de un número importante de equipos (13 en total), algunos de ellos algo estrafalarios, repartidos por todo el mundo (España, Canadá, Grecia, Egipto, Australia, etc.), además de la selección de Hungría.

Puskás adquirió la nacionalidad española en el año 1961, lo que le valió el poder jugar con la camisola española, aunque en unos exiguos 4 partidos. Con la selección húngara, disputó un total de 85 partidos, consiguiendo la friolera de 84 goles. Anecdóticamente, cabe señalar que Puskás entra dentro de ese grupo raro de futbolistas que han disputado dos mundiales con selecciones diferentes. En el año 1954, en el Mundial de Suiza, lo hizo con la selección húngara; en el año 1962, en el Mundial de Chile, lo hizo con la selección española.

Nos vamos a despedir con una anécdota que le ocurrió a este grandísimo jugador. Fue durante el partido Inglaterra vs. Hungría, disputado en el estadio de Wembley el 25 de noviembre de 1953 y que, por cierto, Inglaterra y toda su prepotencia perdió por un escandaloso 3-6. Algunos jugadores ingleses, principalmente Eddie Bailey (jugador del Tottenham Hotspur) y Billy Wright (jugador del Wolverhampton Wanderers y capitán de la selección inglesa,) se mofaron abiertamente del físico que presentabaFerenc Puskás: en particular de su estatura (medía 1,72, siendo generosos en la medición), de su más que evidente peso y, sobre todo, de su incipiente barriga. Burlas que se tuvieron que tragar, pues el recital de fútbol que gratuitamente el amigo Puskás dio a todos los que pudieron presenciar el partido, las cabalgadas y trotes que ofreció por todo el campo, su envidiable técnica en el manejo del balón y, para colmo, los dos goles que personalmente endosó al conjunto inglés sirvieron para callar la boca al despótico y engreído fútbol anglosajón. Y para que la derrota fuera más dolorosa, esa fue la primera vez que Inglaterra perdía como local en un partido internacional contra un equipo fuera de la órbita británica.

ALBERTO VEGUE

CAÑONCITO PUM

LA BRUJA DORA

Yo no soy supersticioso ni creo que nunca lo sea. Puedo tener mis manías como todo hijo de vecino, como las tienes tú, el otro y el otro, pero eso de la superstición… En España se estima que alrededor de un 65 % de la población es supersticiosa en mayor o menor medida. Si ampliamos el abanico, hasta un 85 % de la población tiene alguna que otra manía. ¿Es esto normal? Pues sí. En Latinoamérica se estima que el 70 % de la población tiene alguna que otra superstición. ¿Y en África? Ni te cuento. Por tanto, nos encontramos con que esta anomalía ilógica (por llamarla de alguna manera) está impuesta en todos los estratos y estados de las distintas sociedades que pueblan la Tierra. 

Y muy coherentemente, vosotros os preguntaréis: ¿y qué tiene que ver esto con el fútbol?, que es de lo que aquí se escribe. Comenzamos la historia.

Para ello deberemos remitirnos a 32 años atrás, en concreto al año 1994, y nos ubicamos en Argentina.  Y en particular, en un club específico de la provincia de Buenos Aires: el Quilmes AC. En esa época, el club mencionado competía para lograr una plaza de ascenso a la máxima división del fútbol argentino. Mantenía una enconada lucha con el club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, ubicado en la provincia del mismo nombre, en el norte argentino. Mantenían una lucha cerrada, muy igualada, pero, como suele ocurrir en estos casos, solo uno de los dos podía ascender directamente de división.

A algún lumbreras e iluminado dirigente del Quilmes AC se le ocurrió, a él solito, la brillante idea de contratar los servicios de una conocida bruja o hechicera para que, a través de sus conjuros, etc., ayudara al equipo en los últimos partidos que restaban del campeonato (quedaban 4 fechas) y lograr el ansiado ascenso. Tal como se pensó, se hizo. Dicho y hecho, una comitiva de la dirigencia se trasladó a la ciudad de Chascomús, distante 125 kilómetros de la Capital Federal, para hacerse con los servicios de la llamada y conocida como «La bruja Dora».

La dirigencia del «cervecero» (así se le denomina al conjunto) llegó a un acuerdo económico con la bruja Dora para que favoreciera al equipo. Este acuerdo consistía en el pago de 4000 pesos de la época si el Quilmes AC conseguía el ascenso. El pago se efectuaría el 50 % en el momento de la contratación de los servicios esotéricos mencionados y el otro 50 % al consumarse el ascenso de categoría. Y todos tan confiados y contentos. Dora vaticinó que el Quilmes AC vencería a su próximo rival (que era Deportivo Morón) y que Gimnasia y Esgrima de Jujuy caería derrotado por 3-0 frente a su rival correspondiente en esa jornada (Douglas Haig). Y efectivamente, Douglas Haig ganó por el contundente 3-0 que había vaticinado la meiga Dora, con lo que se cumplía una parte del acuerdo. Faltaba, pues, que Quilmes ganara al Deportivo Morón y todos contentos. 

En el partido del Quilmes AC el resultado estaba siendo favorable para los contratantes de los servicios esotéricos por un 2-1, pero sus aficionados, ante la impotencia que sintieron para poder controlar su inmensa alegría, les dio por tirar un petardazo a la cancha mientras discurría el encuentro, con la mala fortuna de que alcanzó a un jugador del equipo contrario, el cual tuvo que ser retirado en camilla del terreno de juego. Como consecuencia de este montaraz acto, el árbitro de la contienda decidió suspender el partido que se estaba disputando. Dora reclamó a la directiva el pago del segundo plazo, pues Quilmes iba ganando cuando se suspendió el partido y ella no era responsable de la conducta de los zotes que habían perpetrado esa acción, y que cuando se canceló el encuentro la profecía se estaba cumpliendo al 100 %. Pero los directivos quilmeños hicieron oídos sordos a la reclamación, alegando que, como el partido no había terminado, la eficacia del sortilegio estaba por demostrar.

El cabreo de la bruja Dora fue de los que marcan época, así que ni corta ni perezosa les echó una maldición que ya quisieran para sí los romaníes, augurándoles 13 años sin obtener éxito alguno. Y no sé si sería la maldición, la suerte, el destino o qué sé yo, pero el caso es que el Quilmes AC comenzó a fracasar una y otra vez en sus desesperados intentos de subir de categoría. Así, en la continuación del partido suspendido frente a Deportivo Morón, pese a ir ganando por 2-1, terminó derrotado por 2-3 y fallando un penalti. Y en los tres encuentros restantes para la conclusión del campeonato, perdió dos y empató uno, con lo cual se esfumaron sus posibilidades de ascender. Años después tuvo otra oportunidad de ascenso, esta vez frente a CA Huracán y la volvió a perder. Una tercera frente al CA Los Andes y sufrió una nueva derrota. La cuarta fue contra Belgrano de Córdoba con resultado negativo (aquí ganaba por 3-1 faltando escasos minutos para la conclusión y Belgrano había sufrido una expulsión, pero Quilmes terminó perdiendo). La quinta frente a CA Banfield. La sexta frente a Belgrano de Córdoba nuevamente, etc., etc., etc. Era un no parar de cosechar derrota tras derrota en todas las posibilidades de ascenso.

La maldición de la bruja Dora se había hecho realidad y continuaba el sortilegio. Pero en el año 2003, un avezado hincha del cervecero decidió ir a la localidad de Chascomús a intentar poner fin a esta situación con la bruja Dora. Pero esta ya había muerto. El hincha no se rindió, se acercó a la tumba donde estaba enterrada Dora y trató de hablar con ella, con su espíritu, con el vacío, o habló para él solo. Expuso a la nada el razonamiento de que los hinchas no tenían culpa de los incumplimientos de palabra de los dirigentes y que, sin embargo, eran los que sufrían la maldición del embrujo. Prometió solemnemente ante la sepultura que, si el maleficio desaparecía, él se dedicaría personalmente a cuidar de la fosa (que por cierto estaba de pena y en situación de abandono), que la decoraría con los colores del equipo y que la visitaría de vez en cuando. Dicho y hecho. Un tiempo después, el CA Quilmes disputaría un nuevo intento de ascenso y, ¡por fin! Lo logró ante Argentinos Juniors. Era su sexta tentativa en el plazo de tres años. Desde esa fecha, el 5 de julio de 2003, la institución quilmeña volvió a conocer las mieles del triunfo y se dio por finiquitada la maldición de la bruja Dora.

Sinceramente, yo no creo mucho en estas cosas, ya que me parecen producto de la inventiva popular, de la desesperación, del fanatismo o de la incultura. Salvo en el caso de la bruja Dora (por si acaso).

ALBERTO VEGUE

LA BRUJA DORA

ENTREVISTA COM RAFAEL MANTOVANI – ANALISTA DE DESEMPENHO DO EC NOROESTE ⚽️🇧🇷

Screenshot

Foi um prazer conversar de futebol com Rafael Mantovani, analista de desempenho do Noroeste, da Série D do Campeonato Brasileiro. Falamos sobre o cenário atual do futebol brasileiro, com jogadores e técnicos. Uma conversa muito interessante com esse talentoso treinador.

GUSTAVO SÁNCHEZ

ENTREVISTA COM RAFAEL MANTOVANI – ANALISTA DE DESEMPENHO DO EC NOROESTE ⚽️🇧🇷

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

Ocurrió hace ya 77 años y todavía persiste en la memoria de todo aficionado al fútbol transalpino, independientemente de la edad que tenga. El hecho que vamos a tratar conmocionó a toda la sociedad italiana de la época e incluso de muchos años después, y fue tal su repercusión que se llegaron a modificar y abandonar, durante un tiempo, los tradicionales medios de transporte que usaban los equipos italianos en sus desplazamientos. Fue una verdadera catástrofe. Me estoy refiriendo a la conocida como «La Tragedia de Superga», es decir, el accidente aéreo sufrido por el equipo de fútbol del Torino y que tuvo lugar el 4 de mayo de 1949.

El suceso fue que el avión que transportaba al equipo turinés se estrelló, esa fatídica tarde, contra una de las laderas del conocido como monte Superga, de algo más de 600 metros de altitud y ubicado al este de la ciudad de Turín, cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad, próximo al lugar de la colisión. La causa: las malas condiciones climatológicas que había en esos momentos, las fortísimas rachas de viento y la poca visibilidad por la densa niebla que cubría Turín. El resultado del accidente fue de 31 muertos (todos los que iban en el avión), de los que 18 eran jugadores del Torino FC (el equipo en su totalidad), empleados del club, periodistas y la tripulación del aparato. No hubo ningún superviviente. El único jugador que se salvó del plantel profesional que tenía el equipo esa temporada fue el defensa Sauro Tomà, quien no pudo viajar ya que estaba lesionado y se quedó en la ciudad del Piamonte.

El equipo regresaba de participar en un partido de homenaje y despedida al jugador luso Francisco, «Xico», Ferreira, que en esos momentos militaba en el Benfica portugués. En aquellos momentos, el Torino estaba considerado el mejor equipo del mundo. Era un conjunto plagado de figuras y que participaba en este tipo de eventos con el fin de recaudar dinero para poder seguir manteniéndose como escuadra puntera y competitiva a nivel mundial. No era gratuito que el equipo fuese conocido en todo el orbe futbolístico como «Il Grande Torino» (El Gran Torino). En la fecha del accidente, el Torino FC marchaba líder en la competición italiana a falta de muy pocas jornadas para el final del campeonato de liga y el dominio que ejercía en las distintas competiciones era apabullante. Obtuvo, en la década de los años 40 del siglo XX, cinco de los siete títulos de campeón de la Serie A que posee hasta el día de hoy. Y fueron conseguidos consecutivamente (desde la 1942/1943 hasta la 1948/1949; no hay que olvidar que en 1944 y 1945 no hubo campeonato por el desarrollo de la II GM). No volvió a ganar un nuevo campeonato de liga hasta la temporada 1975/1976. Tuvo que esperar 26 años para poder volver a inscribir su nombre bajo el título de campeón. Tampoco hay que olvidar que, en la fecha del fatídico accidente, el Torino era la base de la selección italiana, dándose la circunstancia de que, a veces, de los once jugadores titulares de la selección, diez pertenecían a la disciplina del Toro.

La psicosis del accidente y sus consecuencias fueron de tal magnitud que la selección italiana que iba a disputar al año siguiente el Mundial de Brasil realizó el viaje por vía marítima.

Ladislao Kubala, el jugador y seleccionador húngaro-español, iba en un principio a viajar con la expedición turinesa a Lisboa para disputar el partido. En ese entonces, Kubala militaba en el Aurora Pro Patria, de la región de Lombardía, y por invitación de Valentino Mazzola, la máxima figura de aquel desgraciado Torino, iba a acompañar al equipo y participar en el encuentro de Lisboa, pero un oportuno viaje de su esposa e hijo a Turín le hizo quedarse en la ciudad para su reencuentro familiar. Eso le salvó la vida.

Esta tragedia que estamos narrando constituye la mayor sufrida por el fútbol italiano en toda su historia. A raíz de la misma, las muestras de solidaridad, tanto a nivel doméstico como internacional, fueron abrumadoras y tremendamente generosas. Baste destacar dos circunstancias que avalan cuanto decimos. La primera es que el Torino debió disputar los pocos encuentros que restaban para el fin del campeonato con sus juveniles. Sus rivales, en muestra de solidaridad y respeto, también jugaron con juveniles. La segunda es que el equipo argentino del River Plate se volcó en ayudar económica y moralmente a lo que quedaba del equipo italiano. Se organizaron partidos amistosos para recaudar dinero para las familias de las víctimas, se hermanaron ambos equipos e incluso River acudió a Turín a disputar el amistoso con todas sus figuras del momento (Di Stéfano, Labruna, Carrizo). Llegó a tal punto ese hermanamiento que durante tiempo River usó como camiseta suplente la borravino del Torino FC y el Torino cambió su alternativa por la blanca con franja en diagonal roja del CA River Plate.

A escasos kilómetros de la ciudad de Turín, en el término de Grugliasco, se encuentra el llamado oficialmente«Museo de Grugliasco», conocido popularmente como «El museo de la tragedia de Superga», donde un grupo de fanáticos altruistas seguidores del Torino te muestran innumerables objetos y documentos obtenidos de los restos del avión. Lamentable e incomprensiblemente, el museo no recibe, hasta el día de hoy, ninguna ayuda por parte del club «torinese». Ver para creer.

Y un último apunte: la tragedia de Superga fue la primera gran catástrofe aérea sufrida por un equipo de fútbol profesional, pero no ha sido la única. Con el correr del tiempo ha habido una serie de desgracias asociadas al medio aéreo y al balompié. Así, recordamos la del Manchester United inglés en 1958; la de la selección danesa de 1960; la del CD Green Cross chileno de 1961; la del The Strongest boliviano de 1969; la sufrida por el club uzbeco Pajtakor Tashkent en 1979; la del club peruano Alianza Lima de 1987; la sufrida por la selección de Surinam en 1989; la de la selección de Zambia en 1993; la del brasileño Chapecoense de 2016 y la del también brasileño Palmas Futebol e Regatas de 2021. Pero de estas tragedias ya hablaremos otro día.

ALBERTO VEGUE

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

BALA ROJA GOROSTIZA

Existen muchos deportistas que ni durante sus carreras deportivas ni al finalizar las mismas y pasar al retiro, saben gestionar adecuadamente sus vidas. Unos por desmanes que se adquieren a consecuencia de la fama, o a consecuencia del dinero, o de esa situación de estar sumido en el privilegio de pertenecer a una élite o nicho de los llamados y de los elegidos por la varita de la suerte. Otros, porque no saben qué hacer al terminar sus carreras deportivas o porque están en la creencia de que pueden seguir subidos al carro de la fama y del glamour por los siglos de los siglos. Lo que es una realidad visible es que nos encontramos, sobre todo en este último caso, con personas que han roto sus vidas al no saber gestionar y no estar capacitadas ni preparadas para el futuro que les viene encima y al que se enfrentan. Así nos encontramos con que cada vez más deportistas, sin importar la materia, solicitan ayuda externa psicológica para saber llevar esta nueva situación y saber convivir con ella. Afortunadamente, desde hace unos años vemos que a esta posición se le está tratando de encontrar una salida y cada vez hay un mayor número de seguidores de la utilización de métodos de ayuda mental.

Cuando retrocedemos años atrás, muchos años atrás, podemos comprobar que en el mundo del fútbol y a nivel global, se han dado multitud de casos en los que los futbolistas se han encontrado perdidos al finalizar su singladura deportiva. Ante la nueva situación a la que se enfrentan, se ven despojados de sus habituales quehaceres del día a día, los cuales ya no existen; desaparecen sus privilegios acomodados durante su trayectoria deportiva, de sus emolumentos, en general muy superiores a la media de los mortales, y se encuentran con que son una figura casi anónima, un ser más de los millones que pueblan las calles. En una palabra, no han sabido, no han previsto o no han querido afrontar la nueva situación que se les venía encima y se han perdido en las entrañas de una vida más que azarosa que, en la gran mayoría de los casos, va unida a conductas cuanto menos reprochables. Ejemplos tenemos una infinidad en el mundo del balompié. Por citar exclusivamente a algunos casos de famosos que se han visto envueltos en estas situaciones, podemos citar al inglés Paul Gascoigne, a los brasileños Sócrates, Adriano Leite y Garrincha, al italiano Christian Vieri, al irlandés George Best, y así podríamos seguir enumerando hasta miles de futbolistas.

Puestos en situación del problema que ha existido, existe y, mucho me temo, que existirá, hoy me voy a centrar específicamente en uno de ellos, español por más señas, nacido en el País Vasco y que fue toda una referencia de la banda izquierda, tanto a nivel de los clubes en los que militó como a nivel de la selección española. Me estoy refiriendo al magnífico Guillermo Gorostiza, también conocido como «Bala Roja».

Gorostiza nació en la localidad vizcaína de Santurce, un 15 de febrero de 1909.  Jugador mítico de los clubes Athletic Club y Valencia CF, también del Racing Club de Ferrol. En el club bilbaíno formó parte de una de las delanteras de leyenda con las que ha contado el club vasco, ganando en cuatro ocasiones el campeonato de Liga y en otras cuatro ocasiones el campeonato de Copa. Del Athletic y ya con cierta edad (31 años), fue traspasado al Valencia CF, donde también rindió al máximo nivel durante 6 temporadas más y formando parte de una de las mejores delanteras que ha poseído el club valenciano. En el club che ganó dos campeonatos de Liga y una Copa. Finalmente, se retiró con 40 años en el CD Logroñés al final de la temporada 1948/1949. Durante su etapa activa de jugador defendió los colores de la selección española un total de 19 ocasiones.

Era conocido por el apodo de «Bala Roja». Dice la leyenda que este apelativo se lo ganó por su endiablada velocidad en el juego. Los que le vieron jugar comentaban que era tan veloz que la camiseta rojiblanca del Athletic solo se veía roja de la velocidad que imprimía a sus carreras durante el juego.

Gorostiza fue siempre un amante de las mujeres y del alcohol. El vino y el coñac fueron siempre, desde muy joven, sus compañeros inseparables a lo largo de toda su vida, tanto deportiva como extradeportiva. Sus borracheras eran frecuentes, sus escándalos traspasaban los vestuarios, sus habituales visitas a los peores tugurios también. Tuviera que jugar o estuviera de descanso. Ya desde su etapa en el Athletic apuntaba maneras.

Guillermo Gorostiza murió el 24 de agosto de 1966, en la más absoluta indigencia y sin que sus familiares quisieran saber nada de él. Murió en el antiguo asilo sanatorio de Santa Marina, a las afueras de la ciudad de Bilbao y hoy desaparecido, al cuidado de las Hijas de la Caridad. Murió en la más absoluta menesterosidad; tan solo conservó, como recuerdo imborrable de aquellos lejanos días de gloria, una pitillera de oro que le regaló el presidente del Valencia CF, con la leyenda «al mejor extremo izquierdo del mundo de todos los tiempos».

Su historia y su situación fueron plasmadas en un documental titulado «Juguetes rotos», por el cineasta Manuel Summers en 1967.

ALBERTO VEGUE

BALA ROJA GOROSTIZA