
Yo no soy supersticioso ni creo que nunca lo sea. Puedo tener mis manías como todo hijo de vecino, como las tienes tú, el otro y el otro, pero eso de la superstición… En España se estima que alrededor de un 65 % de la población es supersticiosa en mayor o menor medida. Si ampliamos el abanico, hasta un 85 % de la población tiene alguna que otra manía. ¿Es esto normal? Pues sí. En Latinoamérica se estima que el 70 % de la población tiene alguna que otra superstición. ¿Y en África? Ni te cuento. Por tanto, nos encontramos con que esta anomalía ilógica (por llamarla de alguna manera) está impuesta en todos los estratos y estados de las distintas sociedades que pueblan la Tierra.
Y muy coherentemente, vosotros os preguntaréis: ¿y qué tiene que ver esto con el fútbol?, que es de lo que aquí se escribe. Comenzamos la historia.
Para ello deberemos remitirnos a 32 años atrás, en concreto al año 1994, y nos ubicamos en Argentina. Y en particular, en un club específico de la provincia de Buenos Aires: el Quilmes AC. En esa época, el club mencionado competía para lograr una plaza de ascenso a la máxima división del fútbol argentino. Mantenía una enconada lucha con el club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, ubicado en la provincia del mismo nombre, en el norte argentino. Mantenían una lucha cerrada, muy igualada, pero, como suele ocurrir en estos casos, solo uno de los dos podía ascender directamente de división.
A algún lumbreras e iluminado dirigente del Quilmes AC se le ocurrió, a él solito, la brillante idea de contratar los servicios de una conocida bruja o hechicera para que, a través de sus conjuros, etc., ayudara al equipo en los últimos partidos que restaban del campeonato (quedaban 4 fechas) y lograr el ansiado ascenso. Tal como se pensó, se hizo. Dicho y hecho, una comitiva de la dirigencia se trasladó a la ciudad de Chascomús, distante 125 kilómetros de la Capital Federal, para hacerse con los servicios de la llamada y conocida como «La bruja Dora».
La dirigencia del «cervecero» (así se le denomina al conjunto) llegó a un acuerdo económico con la bruja Dora para que favoreciera al equipo. Este acuerdo consistía en el pago de 4000 pesos de la época si el Quilmes AC conseguía el ascenso. El pago se efectuaría el 50 % en el momento de la contratación de los servicios esotéricos mencionados y el otro 50 % al consumarse el ascenso de categoría. Y todos tan confiados y contentos. Dora vaticinó que el Quilmes AC vencería a su próximo rival (que era Deportivo Morón) y que Gimnasia y Esgrima de Jujuy caería derrotado por 3-0 frente a su rival correspondiente en esa jornada (Douglas Haig). Y efectivamente, Douglas Haig ganó por el contundente 3-0 que había vaticinado la meiga Dora, con lo que se cumplía una parte del acuerdo. Faltaba, pues, que Quilmes ganara al Deportivo Morón y todos contentos.
En el partido del Quilmes AC el resultado estaba siendo favorable para los contratantes de los servicios esotéricos por un 2-1, pero sus aficionados, ante la impotencia que sintieron para poder controlar su inmensa alegría, les dio por tirar un petardazo a la cancha mientras discurría el encuentro, con la mala fortuna de que alcanzó a un jugador del equipo contrario, el cual tuvo que ser retirado en camilla del terreno de juego. Como consecuencia de este montaraz acto, el árbitro de la contienda decidió suspender el partido que se estaba disputando. Dora reclamó a la directiva el pago del segundo plazo, pues Quilmes iba ganando cuando se suspendió el partido y ella no era responsable de la conducta de los zotes que habían perpetrado esa acción, y que cuando se canceló el encuentro la profecía se estaba cumpliendo al 100 %. Pero los directivos quilmeños hicieron oídos sordos a la reclamación, alegando que, como el partido no había terminado, la eficacia del sortilegio estaba por demostrar.
El cabreo de la bruja Dora fue de los que marcan época, así que ni corta ni perezosa les echó una maldición que ya quisieran para sí los romaníes, augurándoles 13 años sin obtener éxito alguno. Y no sé si sería la maldición, la suerte, el destino o qué sé yo, pero el caso es que el Quilmes AC comenzó a fracasar una y otra vez en sus desesperados intentos de subir de categoría. Así, en la continuación del partido suspendido frente a Deportivo Morón, pese a ir ganando por 2-1, terminó derrotado por 2-3 y fallando un penalti. Y en los tres encuentros restantes para la conclusión del campeonato, perdió dos y empató uno, con lo cual se esfumaron sus posibilidades de ascender. Años después tuvo otra oportunidad de ascenso, esta vez frente a CA Huracán y la volvió a perder. Una tercera frente al CA Los Andes y sufrió una nueva derrota. La cuarta fue contra Belgrano de Córdoba con resultado negativo (aquí ganaba por 3-1 faltando escasos minutos para la conclusión y Belgrano había sufrido una expulsión, pero Quilmes terminó perdiendo). La quinta frente a CA Banfield. La sexta frente a Belgrano de Córdoba nuevamente, etc., etc., etc. Era un no parar de cosechar derrota tras derrota en todas las posibilidades de ascenso.
La maldición de la bruja Dora se había hecho realidad y continuaba el sortilegio. Pero en el año 2003, un avezado hincha del cervecero decidió ir a la localidad de Chascomús a intentar poner fin a esta situación con la bruja Dora. Pero esta ya había muerto. El hincha no se rindió, se acercó a la tumba donde estaba enterrada Dora y trató de hablar con ella, con su espíritu, con el vacío, o habló para él solo. Expuso a la nada el razonamiento de que los hinchas no tenían culpa de los incumplimientos de palabra de los dirigentes y que, sin embargo, eran los que sufrían la maldición del embrujo. Prometió solemnemente ante la sepultura que, si el maleficio desaparecía, él se dedicaría personalmente a cuidar de la fosa (que por cierto estaba de pena y en situación de abandono), que la decoraría con los colores del equipo y que la visitaría de vez en cuando. Dicho y hecho. Un tiempo después, el CA Quilmes disputaría un nuevo intento de ascenso y, ¡por fin! Lo logró ante Argentinos Juniors. Era su sexta tentativa en el plazo de tres años. Desde esa fecha, el 5 de julio de 2003, la institución quilmeña volvió a conocer las mieles del triunfo y se dio por finiquitada la maldición de la bruja Dora.
Sinceramente, yo no creo mucho en estas cosas, ya que me parecen producto de la inventiva popular, de la desesperación, del fanatismo o de la incultura. Salvo en el caso de la bruja Dora (por si acaso).
ALBERTO VEGUE











