CAÑONCITO PUM

Uno de los múltiples jugadores que podemos citar que hayan marcado una época en el fútbol español y en uno de los equipos más importantes y representativos de nuestro fútbol y del fútbol mundial es el hispano-húngaro Ferenc Puskás, aunque fuera bastante más conocido en España por cualquiera de sus dos apodos hispanos: Pancho Puskás o bien Cañoncito Pum. El primero hacía referencia a la castellanización de su nombre húngaro Ferenc = Francisco, Francisco = Pancho y el padre del apodo fue Alfredo Di Stéfano. El segundo de ellos, Cañoncito Pum, se debía a la potencia que imprimía a sus disparos con la pierna izquierda. Por cierto, la única pierna válida que usaba para jugar al fútbol.

Este extraordinario y excelso jugador nació en la ciudad de Budapest (Hungría) en el año 1927, falleciendo en esa misma ciudad en 2006.

Comenzó dándole al balón en el equipo de un barrio de su ciudad natal, el Kispest FC en la temporada 1943/1944, hasta la 1956/1957. Conviene recordar que este club, en la década de los años 50 del siglo XX, cambió su denominación por la de Budapest Honvéd FC, llegando a ser uno de los principales clubes húngaros, aunque hoy viva momentos no tan boyantes como los referidos, pues milita actualmente en el segundo escalón del fútbol magiar, la Nemzeti Bajnokság II.

En el año 1956, con motivo de la revolución húngara en contra de las imposiciones políticas de la Unión Soviética,Ferenc Puskás y otros miembros integrantes de su equipo nacional, después de jugar un partido de la Copa de Europa contra el Athletic de Bilbao, deciden no retornar a Hungría y buscarse la vida ingresando en las filas de algún equipo europeo. La FIFA y la UEFA prohibieron a cualquier club europeo el fichaje de alguno de estos jugadores durante un periodo de dos años. Transcurrido ese tiempo, en la temporada 1958/1959, y pese a los intentos del fútbol inglés e italiano para incorporarle en las filas de alguno de sus equipos, es el Real Madrid, a través del empeño personal de su presidente, Santiago Bernabéu, quien logra su fichaje (pese a sus ya 31 años de edad y su desastroso estado físico (con un sobrepeso de más de 18 kilos) para defender los colores del equipo merengue, haciéndolo hasta el fin de la temporada 1965/1966, ya con 39 años.

Hay que señalar que el fichaje de Puskás por el Real Madrid obedeció a un capricho personal de su presidente, en contra de la opinión de la secretaría técnica del club. Con esta decisión, en un principio considerada extravagante y poco técnica, el Real Madrid llegó a formar una de las mejores delanteras que hayan existido en toda la historia del fútbol, la formada por Kopa, Puskás, Di Stéfano, Rial y Gento.

En el total de su carrera, consiguió cerca de 750 goles en 750 encuentros disputados. Todo un récord. Estos números le valieron para ser considerado como el máximo goleador del siglo XX, galardón otorgado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol. De la misma manera, es considerado por la FIFA como uno de los 10 mejores jugadores de todos los tiempos.

Una vez que puso fin a su carrera como futbolista activo, se dedicó, durante los siguientes 31 años, a entrenar. Fue preparador de un número importante de equipos (13 en total), algunos de ellos algo estrafalarios, repartidos por todo el mundo (España, Canadá, Grecia, Egipto, Australia, etc.), además de la selección de Hungría.

Puskás adquirió la nacionalidad española en el año 1961, lo que le valió el poder jugar con la camisola española, aunque en unos exiguos 4 partidos. Con la selección húngara, disputó un total de 85 partidos, consiguiendo la friolera de 84 goles. Anecdóticamente, cabe señalar que Puskás entra dentro de ese grupo raro de futbolistas que han disputado dos mundiales con selecciones diferentes. En el año 1954, en el Mundial de Suiza, lo hizo con la selección húngara; en el año 1962, en el Mundial de Chile, lo hizo con la selección española.

Nos vamos a despedir con una anécdota que le ocurrió a este grandísimo jugador. Fue durante el partido Inglaterra vs. Hungría, disputado en el estadio de Wembley el 25 de noviembre de 1953 y que, por cierto, Inglaterra y toda su prepotencia perdió por un escandaloso 3-6. Algunos jugadores ingleses, principalmente Eddie Bailey (jugador del Tottenham Hotspur) y Billy Wright (jugador del Wolverhampton Wanderers y capitán de la selección inglesa,) se mofaron abiertamente del físico que presentabaFerenc Puskás: en particular de su estatura (medía 1,72, siendo generosos en la medición), de su más que evidente peso y, sobre todo, de su incipiente barriga. Burlas que se tuvieron que tragar, pues el recital de fútbol que gratuitamente el amigo Puskás dio a todos los que pudieron presenciar el partido, las cabalgadas y trotes que ofreció por todo el campo, su envidiable técnica en el manejo del balón y, para colmo, los dos goles que personalmente endosó al conjunto inglés sirvieron para callar la boca al despótico y engreído fútbol anglosajón. Y para que la derrota fuera más dolorosa, esa fue la primera vez que Inglaterra perdía como local en un partido internacional contra un equipo fuera de la órbita británica.

ALBERTO VEGUE

CAÑONCITO PUM

LA BRUJA DORA

Yo no soy supersticioso ni creo que nunca lo sea. Puedo tener mis manías como todo hijo de vecino, como las tienes tú, el otro y el otro, pero eso de la superstición… En España se estima que alrededor de un 65 % de la población es supersticiosa en mayor o menor medida. Si ampliamos el abanico, hasta un 85 % de la población tiene alguna que otra manía. ¿Es esto normal? Pues sí. En Latinoamérica se estima que el 70 % de la población tiene alguna que otra superstición. ¿Y en África? Ni te cuento. Por tanto, nos encontramos con que esta anomalía ilógica (por llamarla de alguna manera) está impuesta en todos los estratos y estados de las distintas sociedades que pueblan la Tierra. 

Y muy coherentemente, vosotros os preguntaréis: ¿y qué tiene que ver esto con el fútbol?, que es de lo que aquí se escribe. Comenzamos la historia.

Para ello deberemos remitirnos a 32 años atrás, en concreto al año 1994, y nos ubicamos en Argentina.  Y en particular, en un club específico de la provincia de Buenos Aires: el Quilmes AC. En esa época, el club mencionado competía para lograr una plaza de ascenso a la máxima división del fútbol argentino. Mantenía una enconada lucha con el club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, ubicado en la provincia del mismo nombre, en el norte argentino. Mantenían una lucha cerrada, muy igualada, pero, como suele ocurrir en estos casos, solo uno de los dos podía ascender directamente de división.

A algún lumbreras e iluminado dirigente del Quilmes AC se le ocurrió, a él solito, la brillante idea de contratar los servicios de una conocida bruja o hechicera para que, a través de sus conjuros, etc., ayudara al equipo en los últimos partidos que restaban del campeonato (quedaban 4 fechas) y lograr el ansiado ascenso. Tal como se pensó, se hizo. Dicho y hecho, una comitiva de la dirigencia se trasladó a la ciudad de Chascomús, distante 125 kilómetros de la Capital Federal, para hacerse con los servicios de la llamada y conocida como «La bruja Dora».

La dirigencia del «cervecero» (así se le denomina al conjunto) llegó a un acuerdo económico con la bruja Dora para que favoreciera al equipo. Este acuerdo consistía en el pago de 4000 pesos de la época si el Quilmes AC conseguía el ascenso. El pago se efectuaría el 50 % en el momento de la contratación de los servicios esotéricos mencionados y el otro 50 % al consumarse el ascenso de categoría. Y todos tan confiados y contentos. Dora vaticinó que el Quilmes AC vencería a su próximo rival (que era Deportivo Morón) y que Gimnasia y Esgrima de Jujuy caería derrotado por 3-0 frente a su rival correspondiente en esa jornada (Douglas Haig). Y efectivamente, Douglas Haig ganó por el contundente 3-0 que había vaticinado la meiga Dora, con lo que se cumplía una parte del acuerdo. Faltaba, pues, que Quilmes ganara al Deportivo Morón y todos contentos. 

En el partido del Quilmes AC el resultado estaba siendo favorable para los contratantes de los servicios esotéricos por un 2-1, pero sus aficionados, ante la impotencia que sintieron para poder controlar su inmensa alegría, les dio por tirar un petardazo a la cancha mientras discurría el encuentro, con la mala fortuna de que alcanzó a un jugador del equipo contrario, el cual tuvo que ser retirado en camilla del terreno de juego. Como consecuencia de este montaraz acto, el árbitro de la contienda decidió suspender el partido que se estaba disputando. Dora reclamó a la directiva el pago del segundo plazo, pues Quilmes iba ganando cuando se suspendió el partido y ella no era responsable de la conducta de los zotes que habían perpetrado esa acción, y que cuando se canceló el encuentro la profecía se estaba cumpliendo al 100 %. Pero los directivos quilmeños hicieron oídos sordos a la reclamación, alegando que, como el partido no había terminado, la eficacia del sortilegio estaba por demostrar.

El cabreo de la bruja Dora fue de los que marcan época, así que ni corta ni perezosa les echó una maldición que ya quisieran para sí los romaníes, augurándoles 13 años sin obtener éxito alguno. Y no sé si sería la maldición, la suerte, el destino o qué sé yo, pero el caso es que el Quilmes AC comenzó a fracasar una y otra vez en sus desesperados intentos de subir de categoría. Así, en la continuación del partido suspendido frente a Deportivo Morón, pese a ir ganando por 2-1, terminó derrotado por 2-3 y fallando un penalti. Y en los tres encuentros restantes para la conclusión del campeonato, perdió dos y empató uno, con lo cual se esfumaron sus posibilidades de ascender. Años después tuvo otra oportunidad de ascenso, esta vez frente a CA Huracán y la volvió a perder. Una tercera frente al CA Los Andes y sufrió una nueva derrota. La cuarta fue contra Belgrano de Córdoba con resultado negativo (aquí ganaba por 3-1 faltando escasos minutos para la conclusión y Belgrano había sufrido una expulsión, pero Quilmes terminó perdiendo). La quinta frente a CA Banfield. La sexta frente a Belgrano de Córdoba nuevamente, etc., etc., etc. Era un no parar de cosechar derrota tras derrota en todas las posibilidades de ascenso.

La maldición de la bruja Dora se había hecho realidad y continuaba el sortilegio. Pero en el año 2003, un avezado hincha del cervecero decidió ir a la localidad de Chascomús a intentar poner fin a esta situación con la bruja Dora. Pero esta ya había muerto. El hincha no se rindió, se acercó a la tumba donde estaba enterrada Dora y trató de hablar con ella, con su espíritu, con el vacío, o habló para él solo. Expuso a la nada el razonamiento de que los hinchas no tenían culpa de los incumplimientos de palabra de los dirigentes y que, sin embargo, eran los que sufrían la maldición del embrujo. Prometió solemnemente ante la sepultura que, si el maleficio desaparecía, él se dedicaría personalmente a cuidar de la fosa (que por cierto estaba de pena y en situación de abandono), que la decoraría con los colores del equipo y que la visitaría de vez en cuando. Dicho y hecho. Un tiempo después, el CA Quilmes disputaría un nuevo intento de ascenso y, ¡por fin! Lo logró ante Argentinos Juniors. Era su sexta tentativa en el plazo de tres años. Desde esa fecha, el 5 de julio de 2003, la institución quilmeña volvió a conocer las mieles del triunfo y se dio por finiquitada la maldición de la bruja Dora.

Sinceramente, yo no creo mucho en estas cosas, ya que me parecen producto de la inventiva popular, de la desesperación, del fanatismo o de la incultura. Salvo en el caso de la bruja Dora (por si acaso).

ALBERTO VEGUE

LA BRUJA DORA

ENTREVISTA COM RAFAEL MANTOVANI – ANALISTA DE DESEMPENHO DO EC NOROESTE ⚽️🇧🇷

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Foi um prazer conversar de futebol com Rafael Mantovani, analista de desempenho do Noroeste, da Série D do Campeonato Brasileiro. Falamos sobre o cenário atual do futebol brasileiro, com jogadores e técnicos. Uma conversa muito interessante com esse talentoso treinador.

GUSTAVO SÁNCHEZ

ENTREVISTA COM RAFAEL MANTOVANI – ANALISTA DE DESEMPENHO DO EC NOROESTE ⚽️🇧🇷

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

Ocurrió hace ya 77 años y todavía persiste en la memoria de todo aficionado al fútbol transalpino, independientemente de la edad que tenga. El hecho que vamos a tratar conmocionó a toda la sociedad italiana de la época e incluso de muchos años después, y fue tal su repercusión que se llegaron a modificar y abandonar, durante un tiempo, los tradicionales medios de transporte que usaban los equipos italianos en sus desplazamientos. Fue una verdadera catástrofe. Me estoy refiriendo a la conocida como «La Tragedia de Superga», es decir, el accidente aéreo sufrido por el equipo de fútbol del Torino y que tuvo lugar el 4 de mayo de 1949.

El suceso fue que el avión que transportaba al equipo turinés se estrelló, esa fatídica tarde, contra una de las laderas del conocido como monte Superga, de algo más de 600 metros de altitud y ubicado al este de la ciudad de Turín, cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad, próximo al lugar de la colisión. La causa: las malas condiciones climatológicas que había en esos momentos, las fortísimas rachas de viento y la poca visibilidad por la densa niebla que cubría Turín. El resultado del accidente fue de 31 muertos (todos los que iban en el avión), de los que 18 eran jugadores del Torino FC (el equipo en su totalidad), empleados del club, periodistas y la tripulación del aparato. No hubo ningún superviviente. El único jugador que se salvó del plantel profesional que tenía el equipo esa temporada fue el defensa Sauro Tomà, quien no pudo viajar ya que estaba lesionado y se quedó en la ciudad del Piamonte.

El equipo regresaba de participar en un partido de homenaje y despedida al jugador luso Francisco, «Xico», Ferreira, que en esos momentos militaba en el Benfica portugués. En aquellos momentos, el Torino estaba considerado el mejor equipo del mundo. Era un conjunto plagado de figuras y que participaba en este tipo de eventos con el fin de recaudar dinero para poder seguir manteniéndose como escuadra puntera y competitiva a nivel mundial. No era gratuito que el equipo fuese conocido en todo el orbe futbolístico como «Il Grande Torino» (El Gran Torino). En la fecha del accidente, el Torino FC marchaba líder en la competición italiana a falta de muy pocas jornadas para el final del campeonato de liga y el dominio que ejercía en las distintas competiciones era apabullante. Obtuvo, en la década de los años 40 del siglo XX, cinco de los siete títulos de campeón de la Serie A que posee hasta el día de hoy. Y fueron conseguidos consecutivamente (desde la 1942/1943 hasta la 1948/1949; no hay que olvidar que en 1944 y 1945 no hubo campeonato por el desarrollo de la II GM). No volvió a ganar un nuevo campeonato de liga hasta la temporada 1975/1976. Tuvo que esperar 26 años para poder volver a inscribir su nombre bajo el título de campeón. Tampoco hay que olvidar que, en la fecha del fatídico accidente, el Torino era la base de la selección italiana, dándose la circunstancia de que, a veces, de los once jugadores titulares de la selección, diez pertenecían a la disciplina del Toro.

La psicosis del accidente y sus consecuencias fueron de tal magnitud que la selección italiana que iba a disputar al año siguiente el Mundial de Brasil realizó el viaje por vía marítima.

Ladislao Kubala, el jugador y seleccionador húngaro-español, iba en un principio a viajar con la expedición turinesa a Lisboa para disputar el partido. En ese entonces, Kubala militaba en el Aurora Pro Patria, de la región de Lombardía, y por invitación de Valentino Mazzola, la máxima figura de aquel desgraciado Torino, iba a acompañar al equipo y participar en el encuentro de Lisboa, pero un oportuno viaje de su esposa e hijo a Turín le hizo quedarse en la ciudad para su reencuentro familiar. Eso le salvó la vida.

Esta tragedia que estamos narrando constituye la mayor sufrida por el fútbol italiano en toda su historia. A raíz de la misma, las muestras de solidaridad, tanto a nivel doméstico como internacional, fueron abrumadoras y tremendamente generosas. Baste destacar dos circunstancias que avalan cuanto decimos. La primera es que el Torino debió disputar los pocos encuentros que restaban para el fin del campeonato con sus juveniles. Sus rivales, en muestra de solidaridad y respeto, también jugaron con juveniles. La segunda es que el equipo argentino del River Plate se volcó en ayudar económica y moralmente a lo que quedaba del equipo italiano. Se organizaron partidos amistosos para recaudar dinero para las familias de las víctimas, se hermanaron ambos equipos e incluso River acudió a Turín a disputar el amistoso con todas sus figuras del momento (Di Stéfano, Labruna, Carrizo). Llegó a tal punto ese hermanamiento que durante tiempo River usó como camiseta suplente la borravino del Torino FC y el Torino cambió su alternativa por la blanca con franja en diagonal roja del CA River Plate.

A escasos kilómetros de la ciudad de Turín, en el término de Grugliasco, se encuentra el llamado oficialmente«Museo de Grugliasco», conocido popularmente como «El museo de la tragedia de Superga», donde un grupo de fanáticos altruistas seguidores del Torino te muestran innumerables objetos y documentos obtenidos de los restos del avión. Lamentable e incomprensiblemente, el museo no recibe, hasta el día de hoy, ninguna ayuda por parte del club «torinese». Ver para creer.

Y un último apunte: la tragedia de Superga fue la primera gran catástrofe aérea sufrida por un equipo de fútbol profesional, pero no ha sido la única. Con el correr del tiempo ha habido una serie de desgracias asociadas al medio aéreo y al balompié. Así, recordamos la del Manchester United inglés en 1958; la de la selección danesa de 1960; la del CD Green Cross chileno de 1961; la del The Strongest boliviano de 1969; la sufrida por el club uzbeco Pajtakor Tashkent en 1979; la del club peruano Alianza Lima de 1987; la sufrida por la selección de Surinam en 1989; la de la selección de Zambia en 1993; la del brasileño Chapecoense de 2016 y la del también brasileño Palmas Futebol e Regatas de 2021. Pero de estas tragedias ya hablaremos otro día.

ALBERTO VEGUE

LA TRAGEDIA DE SUPERGA

BALA ROJA GOROSTIZA

Existen muchos deportistas que ni durante sus carreras deportivas ni al finalizar las mismas y pasar al retiro, saben gestionar adecuadamente sus vidas. Unos por desmanes que se adquieren a consecuencia de la fama, o a consecuencia del dinero, o de esa situación de estar sumido en el privilegio de pertenecer a una élite o nicho de los llamados y de los elegidos por la varita de la suerte. Otros, porque no saben qué hacer al terminar sus carreras deportivas o porque están en la creencia de que pueden seguir subidos al carro de la fama y del glamour por los siglos de los siglos. Lo que es una realidad visible es que nos encontramos, sobre todo en este último caso, con personas que han roto sus vidas al no saber gestionar y no estar capacitadas ni preparadas para el futuro que les viene encima y al que se enfrentan. Así nos encontramos con que cada vez más deportistas, sin importar la materia, solicitan ayuda externa psicológica para saber llevar esta nueva situación y saber convivir con ella. Afortunadamente, desde hace unos años vemos que a esta posición se le está tratando de encontrar una salida y cada vez hay un mayor número de seguidores de la utilización de métodos de ayuda mental.

Cuando retrocedemos años atrás, muchos años atrás, podemos comprobar que en el mundo del fútbol y a nivel global, se han dado multitud de casos en los que los futbolistas se han encontrado perdidos al finalizar su singladura deportiva. Ante la nueva situación a la que se enfrentan, se ven despojados de sus habituales quehaceres del día a día, los cuales ya no existen; desaparecen sus privilegios acomodados durante su trayectoria deportiva, de sus emolumentos, en general muy superiores a la media de los mortales, y se encuentran con que son una figura casi anónima, un ser más de los millones que pueblan las calles. En una palabra, no han sabido, no han previsto o no han querido afrontar la nueva situación que se les venía encima y se han perdido en las entrañas de una vida más que azarosa que, en la gran mayoría de los casos, va unida a conductas cuanto menos reprochables. Ejemplos tenemos una infinidad en el mundo del balompié. Por citar exclusivamente a algunos casos de famosos que se han visto envueltos en estas situaciones, podemos citar al inglés Paul Gascoigne, a los brasileños Sócrates, Adriano Leite y Garrincha, al italiano Christian Vieri, al irlandés George Best, y así podríamos seguir enumerando hasta miles de futbolistas.

Puestos en situación del problema que ha existido, existe y, mucho me temo, que existirá, hoy me voy a centrar específicamente en uno de ellos, español por más señas, nacido en el País Vasco y que fue toda una referencia de la banda izquierda, tanto a nivel de los clubes en los que militó como a nivel de la selección española. Me estoy refiriendo al magnífico Guillermo Gorostiza, también conocido como «Bala Roja».

Gorostiza nació en la localidad vizcaína de Santurce, un 15 de febrero de 1909.  Jugador mítico de los clubes Athletic Club y Valencia CF, también del Racing Club de Ferrol. En el club bilbaíno formó parte de una de las delanteras de leyenda con las que ha contado el club vasco, ganando en cuatro ocasiones el campeonato de Liga y en otras cuatro ocasiones el campeonato de Copa. Del Athletic y ya con cierta edad (31 años), fue traspasado al Valencia CF, donde también rindió al máximo nivel durante 6 temporadas más y formando parte de una de las mejores delanteras que ha poseído el club valenciano. En el club che ganó dos campeonatos de Liga y una Copa. Finalmente, se retiró con 40 años en el CD Logroñés al final de la temporada 1948/1949. Durante su etapa activa de jugador defendió los colores de la selección española un total de 19 ocasiones.

Era conocido por el apodo de «Bala Roja». Dice la leyenda que este apelativo se lo ganó por su endiablada velocidad en el juego. Los que le vieron jugar comentaban que era tan veloz que la camiseta rojiblanca del Athletic solo se veía roja de la velocidad que imprimía a sus carreras durante el juego.

Gorostiza fue siempre un amante de las mujeres y del alcohol. El vino y el coñac fueron siempre, desde muy joven, sus compañeros inseparables a lo largo de toda su vida, tanto deportiva como extradeportiva. Sus borracheras eran frecuentes, sus escándalos traspasaban los vestuarios, sus habituales visitas a los peores tugurios también. Tuviera que jugar o estuviera de descanso. Ya desde su etapa en el Athletic apuntaba maneras.

Guillermo Gorostiza murió el 24 de agosto de 1966, en la más absoluta indigencia y sin que sus familiares quisieran saber nada de él. Murió en el antiguo asilo sanatorio de Santa Marina, a las afueras de la ciudad de Bilbao y hoy desaparecido, al cuidado de las Hijas de la Caridad. Murió en la más absoluta menesterosidad; tan solo conservó, como recuerdo imborrable de aquellos lejanos días de gloria, una pitillera de oro que le regaló el presidente del Valencia CF, con la leyenda «al mejor extremo izquierdo del mundo de todos los tiempos».

Su historia y su situación fueron plasmadas en un documental titulado «Juguetes rotos», por el cineasta Manuel Summers en 1967.

ALBERTO VEGUE

BALA ROJA GOROSTIZA

LEONES NEGROS DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

Si hay una equipación futbolística, en este caso concreto una remera o camiseta distintiva de un equipo, que llame la atención por el colorido impactante en cualquiera de sus diseños, esta es la del equipo mexicano Club Deportivo Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, en la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, al oeste de México.

Su colorida y sorprendente indumentaria, única en el mundo, la componen una camiseta a rayas verticales rojas, negras y amarillas (aunque en sus inicios la zamarra era de color azul con líneas verticales amarillas) y, según la temporada, las rayas pueden ser más anchas o más estrechas, rectas, curvilíneas, etc. Los pantalones y las medias son negros, bastante más sobrios.

Se le conoce con los sobrenombres de «Los Leones Negros» (por la gran cantidad de jugadores brasileños que figuraban en sus filas cuando debutó en 1ª división). También responden al apodo de «Melenudos» e incluso al de «U de G». Su símbolo, ligado íntimamente con sus apodos, es un melenudo león negro. Se trata de un club relativamente joven, ya que fue fundado en el año 1970, por lo que tiene solo 56 años de vida.

Mantiene una estrecha y disputada rivalidad con los otros clubes de su ciudad. Con el Tecos FC, disputa el llamado Clásico Universitario de Guadalajara. También mantiene rivalidad, aunque con menor énfasis, con el CD Guadalajara, más conocido como Chivas, y con otro reconocido equipo universitario, el Club Universidad Nacional, más conocido como Pumas de la UNAM, de la Ciudad de México.

Hasta el día de hoy, no ha conseguido quedar campeón de la liga mexicana, aunque sí ha obtenido el subcampeonato hasta en un total de tres ocasiones. Por lo que respecta a la Copa de México, la ganó en la temporada 1990/1991, habiendo quedado como subcampeón en otras dos oportunidades. A nivel internacional, solamente ha participado en la Copa de Campeones de la Concacaf, allá por el año 1978.

Hizo su debut en la élite del fútbol azteca en la temporada 1974/1975 y en esa categoría se mantuvo hasta el año 1994, en que, tras un grave declive, el club desaparece, manteniendo solo una estructura como equipo en la entonces llamada 2.ª división. Los años siguientes, el equipo oscila entre la 1.ª y la 2.ª división, hasta que definitivamente queda anclado en el segundo nivel.

Desde el año 2020 y hasta el 2026, disputa y disputará la llamada Liga de Expansión MX. Esta liga constituye un impasse de 6 años en los que en el fútbol mexicano no habrá ni ascensos ni descensos de categoría. Con ello, se pretende preservar a los equipos que disputaban el segundo nivel y que mantenían problemas financieros, para que lograran sanear sus economías, estabilizaran sus reservas y así evitar la desaparición de los mismos y, por ende, la extinción de la segunda categoría del fútbol en el país.

Durante la temporada 2026/2027, se volverá al clásico sistema de ascensos y descensos, sin que se conozcan, a día de hoy, los requisitos necesarios para completarlos.

ALBERTO VEGUE

LEONES NEGROS DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

EL PUMA QUE VINO DEL CLUB ATLÉTICO SAN TELMO

Corría el verano de 1974 cuando el CD Castellón decidió incorporar a sus filas a un delantero centro goleador argentino. En España, hacía un año que se había liberado la contratación de dos jugadores extranjeros por equipo, después del fiasco de los oriundos acaecido en años anteriores, y se había liberalizado el mercado, aunque de manera limitada, ya que, como hemos comentado, solo podían fichar a dos extranjeros por equipo y exclusivamente para aquellos que militaban en 1.ª y 2.ª división. Eran aquellos tiempos en los que las canchas, aunque de césped, tenían calvas; cuando llovía, se embarraban o parecían piscinas; y la dureza de las defensas se entendía como un pasaje más del juego y estaba a la orden del día.

La directiva del CD Castellón tenía referencias de un delantero argentino de fuerte constitución, que no se acobardaba ante las defensas contrarias, peleón y con un disparo demoledor (su mejor arma, según el propio jugador). Era conocido futbolísticamente como «El Puma», también como «El Cañonero», aunque su nombre real y completo es José Juan Cioffi Morgillo. Este jugador, criado en la cantera de San Lorenzo de Almagro, era el delantero centro titular del CA San Telmo, club que en ese entonces militaba en la 2.ª división argentina. Debutó en las filas del club «Candombero» en el año 1971 y despuntó durante un trienio (1971-1974), convirtiéndose en toda una referencia para la categoría y siendo uno de los máximos goleadores de la división de plata argentina, sobre todo en la temporada 1973/1974, lo que llamó la atención del club español, quien finalmente optó por su fichaje y lo incorporó a sus filas.

Cioffi aterriza en la ciudad castellonense y defiende los colores del CD Castellón durante el periodo 1974/1977, impactando a toda la sociedad futbolística de la ciudad por su empuje, su entrega, su lucha y, sobre todo, por sus goles. En esa primera temporada, la 1974/1975, se convierte en el máximo artillero del equipo e igualmente en el máximo goleador de la categoría, obteniendo el trofeo Pichichi como máximo realizador en la 2.ª división española. Este hecho fue un hito para el CD Castellón, pues, hasta esa fecha, ningún jugador a lo largo de su dilatada historia había alcanzado tal galardón. Lo conseguido por José Juan Cioffi se convirtió en una hazaña futbolística de tal envergadura para el club, que se tardaron más de 15 años en que otro jugador de la entidad lo volviera a conseguir. Su marca ahí queda: logró en liga un total de 22 goles a lo largo de todo el campeonato, por delante de jugadores bastante conocidos como Marianín (Oviedo), Aitor Aguirre (Racing de Santander) o Biri Biri (Sevilla FC).

Con el club castellonense jugó en ese periodo de tres años un total de 117 partidos, obteniendo un total de 50 goles. Aun siendo una persona muy querida y respetada en la ciudad y en la provincia mediterránea, al final de la temporada 1976/1977 ficha por el Burgos CF, que en aquellos momentos disputaba el campeonato de 1.ª división. Se encamina hacia tierras burgalesas, debutando en la máxima categoría del fútbol español en la temporada 1977/1978. Una inoportuna lesión, ocasionada por un compañero durante un entrenamiento, hace que Cioffi no juegue todo lo que él quisiera, tan solo 10 partidos y 3 goles, y en enero del año 1979, cambia de equipo y de ciudad y se encamina hacia Baracaldo (Vizcaya), donde juega hasta final de temporada. En el Baracaldo CF, entonces en 2.ª división, disputa en esos meses un total de 11 partidos, consiguiendo 2 dianas. Para la temporada 1979/1980 retorna a su primigenia provincia futbolística, un poco desencantado por la no total y satisfactoria recuperación de su lesión de tobillo, y decide jugar en el Vinarós CF, disputando en sus filas y durante un periodo de tres años el tercer nivel del campeonato español.

Finalmente, decide retornar y jugar en el club de sus amores, el CD Castellón, durante su última temporada en activo, la 1982/1983, decidiendo poner fin a su vida futbolística al término de la misma y abandonando el fútbol de competición al más alto nivel.

Desde hace muchos años, José Juan Cioffi Morgillo regenta, junto con su familia, una de las mejores pizzerías, si no la mejor, de la localidad de Alcossebre (Castellón), donde, con su amabilidad característica (pese a su gesto adusto y serio), siempre podrás departir con él unos minutos agradables de fútbol.

Grande Cioffi.

ALBERTO VEGUE

EL PUMA QUE VINO DEL CLUB ATLÉTICO SAN TELMO