BALA ROJA GOROSTIZA

Existen muchos deportistas que ni durante sus carreras deportivas ni al finalizar las mismas y pasar al retiro, saben gestionar adecuadamente sus vidas. Unos por desmanes que se adquieren a consecuencia de la fama, o a consecuencia del dinero, o de esa situación de estar sumido en el privilegio de pertenecer a una élite o nicho de los llamados y de los elegidos por la varita de la suerte. Otros, porque no saben qué hacer al terminar sus carreras deportivas o porque están en la creencia de que pueden seguir subidos al carro de la fama y del glamour por los siglos de los siglos. Lo que es una realidad visible es que nos encontramos, sobre todo en este último caso, con personas que han roto sus vidas al no saber gestionar y no estar capacitadas ni preparadas para el futuro que les viene encima y al que se enfrentan. Así nos encontramos con que cada vez más deportistas, sin importar la materia, solicitan ayuda externa psicológica para saber llevar esta nueva situación y saber convivir con ella. Afortunadamente, desde hace unos años vemos que a esta posición se le está tratando de encontrar una salida y cada vez hay un mayor número de seguidores de la utilización de métodos de ayuda mental.

Cuando retrocedemos años atrás, muchos años atrás, podemos comprobar que en el mundo del fútbol y a nivel global, se han dado multitud de casos en los que los futbolistas se han encontrado perdidos al finalizar su singladura deportiva. Ante la nueva situación a la que se enfrentan, se ven despojados de sus habituales quehaceres del día a día, los cuales ya no existen; desaparecen sus privilegios acomodados durante su trayectoria deportiva, de sus emolumentos, en general muy superiores a la media de los mortales, y se encuentran con que son una figura casi anónima, un ser más de los millones que pueblan las calles. En una palabra, no han sabido, no han previsto o no han querido afrontar la nueva situación que se les venía encima y se han perdido en las entrañas de una vida más que azarosa que, en la gran mayoría de los casos, va unida a conductas cuanto menos reprochables. Ejemplos tenemos una infinidad en el mundo del balompié. Por citar exclusivamente a algunos casos de famosos que se han visto envueltos en estas situaciones, podemos citar al inglés Paul Gascoigne, a los brasileños Sócrates, Adriano Leite y Garrincha, al italiano Christian Vieri, al irlandés George Best, y así podríamos seguir enumerando hasta miles de futbolistas.

Puestos en situación del problema que ha existido, existe y, mucho me temo, que existirá, hoy me voy a centrar específicamente en uno de ellos, español por más señas, nacido en el País Vasco y que fue toda una referencia de la banda izquierda, tanto a nivel de los clubes en los que militó como a nivel de la selección española. Me estoy refiriendo al magnífico Guillermo Gorostiza, también conocido como «Bala Roja».

Gorostiza nació en la localidad vizcaína de Santurce, un 15 de febrero de 1909.  Jugador mítico de los clubes Athletic Club y Valencia CF, también del Racing Club de Ferrol. En el club bilbaíno formó parte de una de las delanteras de leyenda con las que ha contado el club vasco, ganando en cuatro ocasiones el campeonato de Liga y en otras cuatro ocasiones el campeonato de Copa. Del Athletic y ya con cierta edad (31 años), fue traspasado al Valencia CF, donde también rindió al máximo nivel durante 6 temporadas más y formando parte de una de las mejores delanteras que ha poseído el club valenciano. En el club che ganó dos campeonatos de Liga y una Copa. Finalmente, se retiró con 40 años en el CD Logroñés al final de la temporada 1948/1949. Durante su etapa activa de jugador defendió los colores de la selección española un total de 19 ocasiones.

Era conocido por el apodo de «Bala Roja». Dice la leyenda que este apelativo se lo ganó por su endiablada velocidad en el juego. Los que le vieron jugar comentaban que era tan veloz que la camiseta rojiblanca del Athletic solo se veía roja de la velocidad que imprimía a sus carreras durante el juego.

Gorostiza fue siempre un amante de las mujeres y del alcohol. El vino y el coñac fueron siempre, desde muy joven, sus compañeros inseparables a lo largo de toda su vida, tanto deportiva como extradeportiva. Sus borracheras eran frecuentes, sus escándalos traspasaban los vestuarios, sus habituales visitas a los peores tugurios también. Tuviera que jugar o estuviera de descanso. Ya desde su etapa en el Athletic apuntaba maneras.

Guillermo Gorostiza murió el 24 de agosto de 1966, en la más absoluta indigencia y sin que sus familiares quisieran saber nada de él. Murió en el antiguo asilo sanatorio de Santa Marina, a las afueras de la ciudad de Bilbao y hoy desaparecido, al cuidado de las Hijas de la Caridad. Murió en la más absoluta menesterosidad; tan solo conservó, como recuerdo imborrable de aquellos lejanos días de gloria, una pitillera de oro que le regaló el presidente del Valencia CF, con la leyenda «al mejor extremo izquierdo del mundo de todos los tiempos».

Su historia y su situación fueron plasmadas en un documental titulado «Juguetes rotos», por el cineasta Manuel Summers en 1967.

ALBERTO VEGUE

BALA ROJA GOROSTIZA