EL ROMPERREDES


Hubo hace muchos años en España un jugador de fútbol que, debido a la potencia de su disparo, se le bautizó como «El Romperredes». Apodo que, según dicen las crónicas de la época, hacía justicia al protagonista de nuestra historia de hoy.

La figura que hoy queremos ensalzar se llamaba Paulino Alcántara y nació en Filipinas, allá por los fines del siglo XIX, en concreto el 7 de octubre de 1896, falleciendo en Barcelona en el año 1964. De padre español destinado en Filipinas (era militar) y madre originaria de esas islas, cuando finaliza la llamada guerra de Filipinas la familia, se traslada a Barcelona, precisamente el mismo año en que se funda el club culé. En esta ciudad estudia la carrera de medicina, estudios que condicionaron toda su vida Ingresa en el club de la Ciudad Condal y con 15 años debuta con los culés, a instancia y sugerencia del mismísimo Joan Gamper, padre y  fundador del gran FC Barcelona que conocemos a día de hoy.

Después de consolidarse en el FC Barcelona de aquella época, decide tomar otros rumbos y dedicarse a su vocación médica, por lo que se traslada a su originaria Filipinas durante un periodo de 2 años, en los que no deja de jugar al fútbol en equipos de aquellas tierras, llegando, incluso, a debutar con la selección de Filipinas. No obstante, en 1918, decide regresar a la ciudad de Barcelona y establecerse definitivamente en España, desarrollando todo su talento futbolístico en el Barça.

Una de sus grandes cualidades balompédicas era su potente disparo, por lo que se la apodó «El Romperredes». El apodo nació un día en que la selección española se enfrentaba a la selección francesa en la ciudad de Burdeos. Estamos hablando de 1922. En el transcurso del partido, un fortísimo disparo de Paulino Alcántara se coló en la portería, rompiendo la red, ante la perpleja mirada de propios (sus compañeros de selección) y extraños (jugadores franceses y público asistente). Y ahí nació el apelativo por el que, a partir de entonces, fue más conocido en el ambiente del balón. Posteriormente, compañeros suyos comentaron que las redes de las porterías donde se desarrolló el partido estaban hechas una pena, llenas de agujeros, etc. Con agujeros o sin ellos, lo cierto es que el único que la rompió con su potente disparo fue Paulino Alcántara, «El Romperredes».

Además de romper redes con los chupinazos que se marcaba, el bueno de Paulino fue el primer jugador asiático en jugar en el fútbol europeo. Jugó durante 15 temporadas en el Barça, logrando marcar un total de 143 goles en partidos oficiales (consiguiendo un triplete en su debut) y 252 goles en partidos amistosos. 

Consiguió con el FC Barcelona un total de 5 Copas de España. En su currículo no figura ningún campeonato de liga, ya que esta competición se inició en España a partir de 1928, habiéndose retirado Alcántara un año antes, en 1927.

También fue internacional por España hasta en 10 ocasiones; no olvidemos que cuando nació Filipinas era un territorio español de ultramar, disputando también 4 encuentros con la selección filipina.

Se retiró joven, a la edad de 30 años, para dedicarse completamente a la medicina, su verdadera vocación. 

Y para que no falte nada en la referencia a su profusa vida deportiva, recordemos que fue seleccionador español en el año 1951, durante un total de 3 partidos, en los que consiguió una victoria y 2 empates.

Paulino Alcántara, «El Romperredes» fue nombrado en 2007 por la FIFA como el mejor jugador asiático (aunque era español) de todos los tiempos.

Y una última anécdota sobre nuestro personaje: jugaba siempre con un pañuelo blanco colgando del pantalón. Una más de las rarezas del fútbol y de los futbolistas.

A lo largo de la historia del balompié, ha habido grandes cañoneros, es decir, jugadores con una potencia temible de disparo. No olvidemos al brasileño Ronnie Heberson, que mandaba a la pelota a más de 220 km/h, o los holandeses Arjen Robben y Ronald Koeman, o el italiano Gigi Riva (mi favorito), que en un entrenamiento del Cagliari disparó a puerta y el balón se dio de lleno contra un niño, rompiéndole el cúbito y el radio.

ALBERTO VEGUE

EL ROMPERREDES

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