
Ocurrió hace ya 77 años y todavía persiste en la memoria de todo aficionado al fútbol transalpino, independientemente de la edad que tenga. El hecho que vamos a tratar conmocionó a toda la sociedad italiana de la época e incluso de muchos años después, y fue tal su repercusión que se llegaron a modificar y abandonar, durante un tiempo, los tradicionales medios de transporte que usaban los equipos italianos en sus desplazamientos. Fue una verdadera catástrofe. Me estoy refiriendo a la conocida como «La Tragedia de Superga», es decir, el accidente aéreo sufrido por el equipo de fútbol del Torino y que tuvo lugar el 4 de mayo de 1949.
El suceso fue que el avión que transportaba al equipo turinés se estrelló, esa fatídica tarde, contra una de las laderas del conocido como monte Superga, de algo más de 600 metros de altitud y ubicado al este de la ciudad de Turín, cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad, próximo al lugar de la colisión. La causa: las malas condiciones climatológicas que había en esos momentos, las fortísimas rachas de viento y la poca visibilidad por la densa niebla que cubría Turín. El resultado del accidente fue de 31 muertos (todos los que iban en el avión), de los que 18 eran jugadores del Torino FC (el equipo en su totalidad), empleados del club, periodistas y la tripulación del aparato. No hubo ningún superviviente. El único jugador que se salvó del plantel profesional que tenía el equipo esa temporada fue el defensa Sauro Tomà, quien no pudo viajar ya que estaba lesionado y se quedó en la ciudad del Piamonte.
El equipo regresaba de participar en un partido de homenaje y despedida al jugador luso Francisco, «Xico», Ferreira, que en esos momentos militaba en el Benfica portugués. En aquellos momentos, el Torino estaba considerado el mejor equipo del mundo. Era un conjunto plagado de figuras y que participaba en este tipo de eventos con el fin de recaudar dinero para poder seguir manteniéndose como escuadra puntera y competitiva a nivel mundial. No era gratuito que el equipo fuese conocido en todo el orbe futbolístico como «Il Grande Torino» (El Gran Torino). En la fecha del accidente, el Torino FC marchaba líder en la competición italiana a falta de muy pocas jornadas para el final del campeonato de liga y el dominio que ejercía en las distintas competiciones era apabullante. Obtuvo, en la década de los años 40 del siglo XX, cinco de los siete títulos de campeón de la Serie A que posee hasta el día de hoy. Y fueron conseguidos consecutivamente (desde la 1942/1943 hasta la 1948/1949; no hay que olvidar que en 1944 y 1945 no hubo campeonato por el desarrollo de la II GM). No volvió a ganar un nuevo campeonato de liga hasta la temporada 1975/1976. Tuvo que esperar 26 años para poder volver a inscribir su nombre bajo el título de campeón. Tampoco hay que olvidar que, en la fecha del fatídico accidente, el Torino era la base de la selección italiana, dándose la circunstancia de que, a veces, de los once jugadores titulares de la selección, diez pertenecían a la disciplina del Toro.

La psicosis del accidente y sus consecuencias fueron de tal magnitud que la selección italiana que iba a disputar al año siguiente el Mundial de Brasil realizó el viaje por vía marítima.
Ladislao Kubala, el jugador y seleccionador húngaro-español, iba en un principio a viajar con la expedición turinesa a Lisboa para disputar el partido. En ese entonces, Kubala militaba en el Aurora Pro Patria, de la región de Lombardía, y por invitación de Valentino Mazzola, la máxima figura de aquel desgraciado Torino, iba a acompañar al equipo y participar en el encuentro de Lisboa, pero un oportuno viaje de su esposa e hijo a Turín le hizo quedarse en la ciudad para su reencuentro familiar. Eso le salvó la vida.
Esta tragedia que estamos narrando constituye la mayor sufrida por el fútbol italiano en toda su historia. A raíz de la misma, las muestras de solidaridad, tanto a nivel doméstico como internacional, fueron abrumadoras y tremendamente generosas. Baste destacar dos circunstancias que avalan cuanto decimos. La primera es que el Torino debió disputar los pocos encuentros que restaban para el fin del campeonato con sus juveniles. Sus rivales, en muestra de solidaridad y respeto, también jugaron con juveniles. La segunda es que el equipo argentino del River Plate se volcó en ayudar económica y moralmente a lo que quedaba del equipo italiano. Se organizaron partidos amistosos para recaudar dinero para las familias de las víctimas, se hermanaron ambos equipos e incluso River acudió a Turín a disputar el amistoso con todas sus figuras del momento (Di Stéfano, Labruna, Carrizo). Llegó a tal punto ese hermanamiento que durante tiempo River usó como camiseta suplente la borravino del Torino FC y el Torino cambió su alternativa por la blanca con franja en diagonal roja del CA River Plate.
A escasos kilómetros de la ciudad de Turín, en el término de Grugliasco, se encuentra el llamado oficialmente«Museo de Grugliasco», conocido popularmente como «El museo de la tragedia de Superga», donde un grupo de fanáticos altruistas seguidores del Torino te muestran innumerables objetos y documentos obtenidos de los restos del avión. Lamentable e incomprensiblemente, el museo no recibe, hasta el día de hoy, ninguna ayuda por parte del club «torinese». Ver para creer.
Y un último apunte: la tragedia de Superga fue la primera gran catástrofe aérea sufrida por un equipo de fútbol profesional, pero no ha sido la única. Con el correr del tiempo ha habido una serie de desgracias asociadas al medio aéreo y al balompié. Así, recordamos la del Manchester United inglés en 1958; la de la selección danesa de 1960; la del CD Green Cross chileno de 1961; la del The Strongest boliviano de 1969; la sufrida por el club uzbeco Pajtakor Tashkent en 1979; la del club peruano Alianza Lima de 1987; la sufrida por la selección de Surinam en 1989; la de la selección de Zambia en 1993; la del brasileño Chapecoense de 2016 y la del también brasileño Palmas Futebol e Regatas de 2021. Pero de estas tragedias ya hablaremos otro día.
ALBERTO VEGUE
