
Saša Ćurčić fue un futbolista serbio de los años 90 y toda su vida fue un verdadero poema, sobre todo desde que empezó a hacerse famoso en el mundo del balompié. Jugaba de centrocampista, prometía mucho y se le auguraba un futuro muy exitoso, pero desafortunadamente se quedó en eso, en una promesa, pese a que jugó en algunos equipos importantes de distintos países. Era un jugador de los considerados técnicos y sobrado de talento. Ideaba jugadas constantemente y era, en particular, muy carismático. En definitiva, un líder para cualquier equipo de fútbol. De su indudable calidad futbolística da fe el segundo puesto que obtuvo en el trofeo de la Bota de Oro de la temporada 1994/1995, por detrás del ganador, el futbolista armenio Arsen Avetisyan, y por delante del inglés Alan Shearer. Ese talento innato le llevó a debutar con la selección serbia con tan solo 19 años, disputando con el combinado plavi hasta un total de 14 encuentros.
Fue, como tantos otros, una eterna promesa que no llegó a cuajar y terminó convirtiéndose en un fiasco a lo largo de su carrera; aunque estaría mejor dicho de su efímera carrera futbolística, retirándose del fútbol activo a la edad de 29 años. Sus años en ejercicio, aun siendo breves, se desarrollaron en numerosos equipos, dejando en todos ellos una imborrable huella negativa (salvo en el Bolton Wanderers inglés) debido a su carácter, sus vicios, sus excesos y sus acciones, las cuales no dejaban a nadie indiferente.
Su vida profesional se inició en el OFK Belgrado, equipo de la máxima división yugoslava, donde se le consideró una perla con mucho futuro. Prometía tanto que uno de los mejores equipos yugoslavos, el Partizán (también de la ciudad de Belgrado), se hizo con sus servicios y defendió su camiseta durante las temporadas 1993/1994 y 1994/1995. El mercado inglés, siempre atento a los jóvenes valores, tomó nota de sus buenas actuaciones y el equipo del noroeste de Inglaterra Bolton Wanderers le fichó, llegando a ser un ídolo local y siendo el único conjunto donde realmente triunfó y en el que pudo desarrollar todo su inmenso legado futbolístico. Lamentablemente, en esa temporada 1995/1996, el Bolton Wanderers no se pudo mantener en la Premier League y descendió a la Championship, traspasando a Saša Ćurčić al Aston Villa, donde recaló durante dos temporadas, para más tarde fichar por el Crystal Palace londinense en la 1998/1999; de aquí se fue a los norteamericanos del MetroStars y posteriormente a los escoceses del Motherwell, dando por concluida su carrera en el año 2001, en el polémico club FC Obilić de Belgrado.
A todas luces, el bueno de Sasa es considerado todo un fantasma. Una persona a la que se le iba la fuerza por la boca y que nunca llegó a explotar como jugador, o como buen jugador, salvo el año en que estuvo en el Bolton Wanderers, como ya hemos comentado anteriormente. Este farolero fracasó en todos los equipos en los que jugó, pese a sus aires de grandeza que, parece ser, a él era al único al que convencía. Comentaba, por aquella época, a todo aquel que le quisiera oír que el Atlético de Madrid le tenía fichado. Y puede que alguna posibilidad hubiera, pero en esa época el Atleti era entrenado por el serbio Radomir Antic, que era conocedor de sus correrías y frustró su posible fichaje de un plumazo. Un acierto más de los que tuvo el Sr. Antic.
Sus correrías ajenas al fútbol ya empezaron desde muy jovencito. Hay bastantes para reflejar, pero nos ceñiremos solamente a dos de ellas. La primera, aquella que le ocurrió cuando jugaba en el Partizán. Cuando el club le fichó, le alojaron en la casa del embajador serbio en Suecia (era normal que a los futbolistas jóvenes el club los alojara en buenos apartamentos para que se sintieran cómodos). A este energúmeno de Sasa Curcic le dio por vender todos los muebles y enseres de la casa del embajador, llegando incluso a vender hasta los enchufes que allí había, todo ello con el fin de obtener dinero para sus incipientes correrías.
Otra. Cuando jugaba en el Aston Villa, se le ocurrió la flamante idea de alquilar un autobús de dos pisos y se dedicó a pasearse por la ciudad de Londres con el bus lleno de mujeres ligeras de ropa para agradar y obsequiar a sus compañeros de equipo. De cómo era este tipo y de cómo dilapidaba el dinero, basta conocer un solo detalle: con un sueldo mensual de 50 000 libras de las de aquella época, difícilmente llegaba a fin de mes. Ver para creer.
El día de su retirada ofreció una rueda de prensa a los medios de comunicación en la que expuso las causas de su retirada: «Me retiro del fútbol activo para dedicarme a follar (sic)». Dejó estupefactos a todos los asistentes a la reunión, pero él se quedó tan ancho. También soltó otra perla para que los medios de comunicación se hicieran eco de ella: «Si alguien quiere que vuelva a los terrenos de juego, que no me ofrezca dinero; que me ofrezca a 15 mujeres procedentes de todos los rincones del mundo para satisfacerlas como nunca antes las han satisfecho (sic)». Lo dicho, un verdadero artista.
Una vez se retiró de la práctica activa balompédica, se dedicó exitosamente a presentarse a reality shows televisivos en los que tuvo alguna que otra destacada actuación y, últimamente, parece ser, fundó una escuela de fútbol y se dedica a entrenar a jóvenes serbios. Aunque con semejante profe…
ALBERTO VEGUE
