
Leo Messi tiene la Champions entre ceja y ceja, a punto de cumplir 33 años, se empiezan a acabar las chances de volver a levantar “esa copa tan linda y tan deseada” como la llamó en su momento. Guiño del destino, reinicia el Barça su camino hacia la final de Estambul, visitando el mítico San Paolo de Napoli. Para viajar a Turquía, Leo Messi debe pasar primero por el altar de Maradona.
Nápoles, sur de Italia. Los poderosos del norte le llaman despectivamente “África” al siempre postergado sur italiano. A Nápoles, llegó Diego Maradona en 1984, 2 historias parecidas, llegó el pelusa de Villa Fiorito, un barrio de clase trabajadora, donde faltaba la comida pero sobraban sueños.
2 Scudettos, 1 Copa UEFA, Maradona fue elevado para siempre Dios por los napolitanos, por primera vez eran mejores que los del “Norte”. Recorrer la ciudad es encontrar un santuario en cada barrio. La idolatría pasa de generación en generación, los jóvenes escuchan con atención las anécdotas en torno a Diego. Se ríen al recordar la bandera que los hinchas napolitanos colgaron en el cementerio de la ciudad con motivo del primer título obtenido en 1987 “no saben lo que se están perdiendo” decía el cartel.
Llega Barcelona y Messi en un buen momento a este cruce de octavos. En Liga punteros antes del clásico contra Real Madrid del próximo domingo, el equipo de a poco asimilando las ideas de Quique Setién, el crack rosarino rompió la sequía goleadora marcando 4 tantos ante el Eibar.
Napoli, Barcelona, Maradona y Messi. Historias cruzadas de 2 de los mejores futbolistas de la historia. Leo en el santuario de Diego, una parada obligada camino al Olimpo.
Gustavo Sanchez