EL PUPAS

Si hay un equipo de fútbol en España que representa la incertidumbre, la perplejidad, el desconcierto, en definitiva y en muchos momentos, la incertidumbre, ese es, sin duda, el Atlético de Madrid. Como dice ese refrán popular, es especialista en «tanto nadar para morir ahogado en la orilla».

El Atlético de Madrid es un equipo importante dentro del entramado del fútbol español; sin discusión es el tercer equipo en discordia. Un conjunto con mucha historia y con muchos avatares y que siempre ha ido a remolque de su vecino de ciudad, el Real Madrid.

El Atleti es un club centenario; se fundó allá por 1903, por un grupo de estudiantes vascos y seguidores del Athletic Club de Bilbao que vivían en la ciudad de Madrid (de hecho, se fundó como Athletic Club de Madrid). Esos orígenes vascos se vieron representados en la elección de sus distintos colores representativos. Su primer uniforme fue una camiseta a rayas verticales azules y blancas y pantalón blanco o negro. Sus colores eran iguales que los de su homónimo de Bilbao. No aparecen las rayas verticales rojas y blancas hasta el año 1911, colores copiados, una vez más, del club bilbaíno, quien a su vez los copió del Southampton inglés.

Fue uno de los diez equipos fundadores del campeonato de liga español, allá por la temporada 1928/1929, junto a Athletic Club, FC Barcelona, Real Madrid, RCD Espanyol, Real Sociedad, Real Unión de Irún, Arenas Club de Getxo, CD Europa y Racing de Santander.

En 1939, una vez finaliza la guerra civil española, se fusiona con el club Aviación Nacional y pasa a llamarse Athletic Aviación de Madrid, adoptando, definitivamente en 1947, su nombre actual de Club Atlético de Madrid.

De las 95 temporadas de vida con que cuenta la liga española, el Atleti ha permanecido en la máxima categoría de nuestro fútbol un total de 89 de ellas, disputando las seis restantes en la división de plata. Su primer descenso de categoría se produjo al fin de la temporada 1929/1930, es decir, la segunda en disputa, permaneciendo en segunda división durante un periodo de 4 años y retornando al primer nivel en la 1934/1935. Su segundo descenso a la categoría inferior se produjo en la 1999/2000, permaneciendo dos años «en el infierno» (así lo llamaba el conjunto rojiblanco) y retornando a primera en la 2002/2003, manteniéndose así hasta nuestros días.

Como hemos comentado, es un equipo importante en España y ha obtenido numerosos triunfos. A destacar sus 11 campeonatos de Liga, sus 10 campeonatos de Copa o sus 2 Supercopas. Y, a nivel internacional, ha obtenido la Copa Intercontinental en 1974 frente al club argentino CA Independiente, sus 3 UEFA Europa League, su Recopa de Europa y sus 3 subcampeonatos de la UEFA Champions League, aunque de estos últimos nos extenderemos un poco más adelante.

Es conocido en todo el orbe futbolístico como el equipo «colchonero», por los colores de su indumentaria a rayas rojas y blancas, tal y como eran hace muchos años las fundas de los colchones en España. También se le conoce con el apodo de «indios», debido a la gran cantidad de jugadores sudamericanos con que contó en sus filas, a partir de los años 70 del siglo pasado. Es el equipo español que más jugadores de origen latinoamericano ha contratado a lo largo de la historia.

Un aparte hacemos a su tercer apodo, para mí el que mejor le define, es «El Pupas». Se le puso su presidente de aquel entonces, Vicente Calderón, ante la pérdida del partido de su primera final de la Copa de Europa frente al Bayern Múnich. Y ya se le conoce como «El Pupas» por los sucesivos infortunios que ha ido padeciendo el equipo a lo largo de su dilatada historia.

Este apodo no es del agrado de su actual dirigencia, pero así es conocido por sus múltiples seguidores, sus rivales y por toda la prensa en general.

Una de las causas que avalan el apodo de “El Pupas” ha sido la pérdida, hay que reconocer que de una manera dolorosa, de las tres finales de la Champions League que ha disputado hasta la fecha. La primera la hizo frente al Bayern Múnich y la perdió en el partido de desempate. En el partido anterior a ese de desempate, el Atlético fue ganando por 1-0 hasta prácticamente el pitido final, en el que un desesperado zapatazo de un defensa germano desde 40 metros se coló en la portería rojiblanca ante la incrédula y atónita mirada de cuantos presenciaban el partido.

La segunda fue ante su rival de ciudad, el Real Madrid. Fue la conocida como la final de Lisboa y también fue ganando el Atlético hasta que en el minuto 93, el defensa del Real Madrid Sergio Ramos cabeceó al fondo de la red, provocando el alargue. Luego el Real, en el tiempo de descuento, vapuleó a un Atlético totalmente hundido.

La tercera en cuestión fue al año siguiente de la copa perdida en Lisboa, aunque esta vez fue en la ciudad de Milán. El partido también (ese año se dirimió en los penaltis) finalizó con empate a un gol, pero en la tanda de penaltis el equipo blanco fue bastante más efectivo que el rojiblanco y se alzó con su undécima Copa de Europa y el Atleti con su tercera derrota en una final de la Champions.

En definitiva, la Copa de Europa es al Atlético de Madrid lo que el Campeonato Mundial es a los Países Bajos.

En el Atleti han recalado numerosos jugadores de su principal rival, el Real Madrid, e incluso del FC Barcelona. La razón en concreto la desconozco, pero lo que sí es evidente es que cuando un jugador importante del Barça o del Real Madrid deja de ser titular en sus respectivos equipos, tiene muchas papeletas de terminar jugando en el Atleti. Por el contrario, cuando un jugador desconocido, español o foráneo, despunta en demasía en el Atleti, termina jugando en el Real Madrid o en el Barça. Y a la historia me remito.

Su máximo rival, el Real Madrid, le tiene bien tomada la medida al Atleti, pues, aunque reconocerlo sea doloroso para los atléticos, la historia enseña que, de los 243 partidos oficiales disputados hasta la fecha entre ambos conjuntos, el Atlético de Madrid ha ganado 60, ha empatado 58 y ha perdido 125 (fuente Transfermarkt).

En sus enfrentamientos contra el Barça mejoran ostensiblemente los números, pues de 254 partidos oficiales disputados, el Atleti ha ganado 81, ha empatado 57 y ha perdido 116 (fuente Transfermarkt).

Por último, vamos a dar una serie de nombres de futbolistas que han visto las camisetas de ambos equipos (Atlético de Madrid y Real Madrid) a lo largo de la historia. Algunos de ellos son sorprendentes: Santiago Bernabéu, histórico presidente del Real Madrid, vistió la zamarra atlética en la temporada 1920/1921. Ramón Grosso, delantero centro del Real Madrid durante 13 años, lo hizo en la 1963/1964. Hugo Sánchez en el periodo de 1981 a 1985. El alemán Bernd Schuster desde la temporada 1990/1991 a la 1992/1993. El “Mago de Hortaleza”, Luis Aragonés, y emblema de la institución atlética, aunque no jugó directamente en el Real Madrid, sí lo hizo en el Plus Ultra, en aquel entonces filial del equipo merengue (1960/1961). El díscolo Juan Gómez “Juanito” jugó en las categorías inferiores del Atleti en el periodo 1971/1973. Otro emblema, en esta ocasión del Real Madrid, Raúl González Blanco “Raúl”, lo hizo también en las inferiores del Atleti en la década de los 80. Thibaut Courtois, el extraordinario portero belga, defendió los colores atléticos en el periodo 2011/2014.

Y así, podríamos seguir enumerando a bastantes más jugadores que defendieron las dos camisetas de los equipos de la capital de España.

ALBERTO VEGUE

EL PUPAS

EUROCOPA Y COPA AMÉRICA


Hace unas semanas hablamos del torneo más importante que existe en el mundo del fútbol a nivel de selecciones, que no es otro que el conocido como Mundial del Fútbol. Hoy nos toca a hablar de los torneos más importantes de fútbol, también a nivel de selecciones, pero un escalón por debajo. Hoy trataremos de los torneos conocidos como «Eurocopa» y «Copa América» y que dictaminan quienes son las selecciones más importantes de la UEFA y de la Conmebol, que como todos sabéis son las confederaciones más importantes a nivel mundial.

Empezamos con el llamado Campeonato Europeo de la UEFA (UEFA European Championship), también llamada en su día Copa de Europa o Campeonato Europeo de Naciones, y mucho más conocido por su nominación popular de la Euro.

Es el más novel de los principales torneos de selecciones nacionales, pues su nacimiento tuvo lugar en el año 1960 y participaron unas escasas 17 selecciones. Es organizado por la UEFA (Confederación Europea) y se celebra cada 4 años y se alternan cada 2 con el Mundial de Fútbol.

Participan en esta competición las 55 federaciones nacionales que están integradas en la UEFA. Las selecciones se reparten en grupos (10), con el sistema de enfrentamiento de todos contra todos y en partidos a ida y vuelta. Del total de esos grupos se clasifican para la fase final los dos mejores de cada grupo más los cuatro mejores terceros, en total 24 selecciones. Todas ellas juegan en las fases finales los octavos de final, cuartos de final, semifinales y la gran final. La última Eurocopa fue celebrada en Alemania y su vencedora fue la selección española.

El equipo nacional que más veces ha participado en la Eurocopa ha sido Alemania con 14 intervenciones, seguida de España y Rusia con 12, Italia, Francia, Países Bajos, Inglaterra y Checoslovaquia (República Checa y Eslovaquia) con 11, Dinamarca con 10 y Portugal con 9.

El país que más veces la ha obtenido ha sido España con 4 Eurocopas (1964, 2008, 2012 y 2024), Alemania con 3 (1972, 1980 y 1996), Italia (1968 y 2020) y Francia (1984 y 2000) con 2, Checoslovaquia (1976), Países Bajos (1988), Dinamarca (1992), Grecia (2004) y Portugal (2016) con un trofeo.

A este mismo nivel y en el América del Sur, en la Confederación de la Conmebol, se disputa el torneo más añejo en lo que a selecciones nacionales se refiere. Hago mención a la denominada Conmebol Copa América o por su nombre más conocido Copa América. Esta competición se celebró por primera vez en el año 1916 (2/7/2016) y su periodicidad nunca ha seguido unas pautas regulares, pues se empezó disputando anualmente para pasar a ser bienal, o cuatrienal, etc. No ha seguido una regularidad periódica constante. A partir del año 2024, la Conmebol determinó que este torneo se disputaría, al igual que el Mundial y la Eurocopa cada cuatro años.

Participan generalmente 12 equipos, los diez países pertenecientes a la Conmebol (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) y otros 2 países pertenecientes a la vecina Concacaf. Aunque también tenemos que decir que esto no ha sido siempre así (tanto las selecciones nacionales de Japón y Qatar han sido invitadas a participar en este torneo sudamericano).

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ALBERTO VEGUE

EUROCOPA Y COPA AMÉRICA

LA TRAGEDIA DE BRADFORD

Cuando se habla de «Valley Parade», muy pocos aficionados al fútbol sabrán que es el estadio del equipo de fútbol de la ciudad de Bradford, situada en la mitad norte de Inglaterra, y que alberga la localía del conjunto de la ciudad, que no es otro que el Bradford City AFC. Es un estadio muy antiguo, pues su construcción original data del año 1886 y, aunque en un primer momento fue concebido como un estadio para la práctica del rugby, a partir de 1903 se habilitó para la práctica del balompié. Sufrió una pequeña remodelación en el año 1908 y prácticamente desde ese momento no se modificaron sus condiciones hasta la fatídica fecha del 11 de mayo de 1985, en que sufrió un aparatoso incendio con un lamentable saldo de 56 muertos y 265 heridos.

Ese funesto día, el 11 de mayo de 1985, el equipo local, el Bradford City, se enfrentaba en su estadio al Lincoln City en el último partido de liga correspondiente al campeonato, en aquel entonces llamado Football League Third Division (3.ª división del fútbol inglés). Para el Bradford City era un partido rutinario y de festejo con sus aficionados, pues hacía unas fechas que ya había conseguido su ascenso a la Football League Second Division (la división de plata del fútbol inglés en aquellos años). Se trataba, pues, de un partido de mero trámite y con el que pensaban disfrutar y celebrar con todos sus seguidores y en su estadio. Pero ocurrió la fatalidad.

Transcurría el minuto 43 de la primera parte cuando, desde el campo, árbitro y jugadores observaron que en las gradas comenzaba un conato de incendio en la tribuna principal, que era de madera y que contaba con más de 82 años de antigüedad. Lamentablemente, ese conato no pudo ser extinguido y, por una serie de circunstancias que más tarde detallaremos, se convirtió en un incendio de una magnitud impredecible con el resultado que ya hemos comentado. Ante la virulencia del incendio, que en escasos minutos tomó unas dimensiones considerables, muchos espectadores optaron por saltar al campo como buenamente pudieron con el propósito de salvar así sus vidas. Otros trataron de escapar huyendo hacia los tornos de las puertas de entrada al estadio, que se encontraban en esos momentos totalmente cerradas con candados con el objetivo de impedir que la gente entrara al recinto para ver el partido sin pagar la entrada. Y esa fue la desgracia, pues quedaron totalmente atrapados, pereciendo la gran mayoría totalmente quemados.

Fechas posteriores, cuando se analizaron y estudiaron los orígenes del incendio y las conclusiones del mismo, la comisión investigadora determinó que la causa fue una colilla de cigarro mal apagada o, en su defecto, una cerilla mal apagada que, junto con la enorme cantidad de basura y papeles acumulada durante años debajo y entre los asientos, sirvió como acelerante a ese asolador incendio. En menos de 5 minutos las llamas destruyeron toda la tribuna principal (recordemos que era de madera) con el resultado ya comentado.

El estadio de fútbol de Valley Parade quedó en tal estado de destrucción que el Bradford City no pudo disputar los partidos de liga como local en toda la temporada siguiente (1985/1986) y la primera mitad de la siguiente (1986/1987), debiendo hacerlo en otros estadios que le fueron ofrecidos por equipos como el Bradford Bulls (equipo de rugby), el Huddersfield Town y el Leeds United (localidades cercanas a Bradford).

Fue tal la magnitud y repercusión del incendio en la opinión pública que las autoridades británicas se vieron obligadas a modificar los protocolos de seguridad en los estadios, aunque, a decir verdad, estas nuevas reglas no dejaron de ser más que superficiales. Hubo que esperar cuatro años más —hasta que se desencadenó la tragedia de Hillsborough (1989) con 96 aficionados muertos del Liverpool FC a consecuencia de una avalancha humana— para que se modificasen los protocolos y se tomaran en serio unas verdaderas medidas de seguridad en los campos de fútbol británicos, que paliaran la triste realidad que vivían. No obstante, fueron necesarios más de 150 muertos para que se tomaran medidas serias.

Ese año, 1985, fue un año fatídico en tragedias humanas relacionadas con el mundo del fútbol. Como acabamos de describir, el 11 de mayo ocurrió la de Valley Parade; el 26 de mayo en la Ciudad de México sucedió la llamada «Tragedia del Túnel 29» en un partido entre Pumas de la UNAM y el FC América (19 muertos y 59 heridos) y, finalmente, el 29 de mayo sucedió la tragedia de Heysel (final de la Copa de Europa con 39 muertos y más de 600 heridos).

ALBERTO VEGUE

LA TRAGEDIA DE BRADFORD

A MI EL PELOTÓN, SABINO, QUE LOS ARROLLO

En el mundo del fútbol hay frases lapidarias que quedan para siempre en la memoria de quien las escucha. Se convierten en un mantra para todos los aficionados.

¿Quién no ha oído alguna vez eso de «partido a partido» de Diego Simeone? También, esa otra, «fútbol es fútbol» de Vujadin Boskov». Una más, esa que dice «la pelota no se mancha» de Diego Armando Maradona. Por último, citaremos la muy conocida, sobre todo por los aficionados españoles de hace unos años, aquella de «jugamos como nunca, perdimos como siempre» del gran Alfredo Di Stéfano.

Pero sí hay una muy española y que ya casi está en desuso, pues tiene más de 100 años de antigüedad, pero que sigue siendo muy significativa y que futbolísticamente nos bautizó con el apodo de “la furia española”; fue aquella de «a mí el pelotón, Sabino, que los arrollo», luego sintetizada por los aficionados en «a mí, Sabino, que los arrollo».

Vamos, pues, a contextualizar esta última frase tan española. Para el que no lo sepa, diremos que la pronunció el futbolista vasco de la selección española José María Belaustegigoitia Landaluce, durante el desarrollo del partido Suecia-España disputado el 1 de septiembre de 1920 en los Juegos Olímpicos de Amberes.

En estos Juegos Olímpicos, España consiguió la medalla de plata, siendo esta la primera vez que España participaba en un torneo oficial.

Pero vayamos por partes. En los Juegos Olímpicos de Amberes, denominados de manera oficial los Juegos de la VII Olimpiada (aunque fueron la sexta edición de la era moderna), participaron 29 países (todo un récord para la época) y se compitió en 22 deportes, entre ellos el fútbol. En esta disciplina, participaron 14 selecciones, en las que, en una fase previa, España venció a Dinamarca por 1-0 y pasó a jugar los cuartos de final. Fue un partido con gran dominio danés, pero en el que la gran actuación de Ricardo Zamora hizo que España resultara vencedora. Fue tal su actuación que, al finalizar los 90 minutos de juego, el portero español fue paseado a hombros por sus compañeros. Ese día y en ese partido Ricardo Zamora comenzó su leyenda y se convirtió en un mito.

El siguiente partido fue en cuartos de final y España se tuvo que enfrentar a Bélgica, a la postre campeona olímpica, perdiendo por un claro 3-1 y quedando fuera de la disputa por el oro olímpico. Ante esta circunstancia, la selección española tuvo que jugar el llamado Torneo de Consolación, torneo que iba a determinar la medalla de plata y la de bronce (aquí hay que entender que eran otros métodos de disputa, totalmente distintos a los actuales a los que estamos acostumbrados). En este Torneo de Consolación, España, en una primera ronda, se enfrentó a Suecia, a la que venció por 2-1 y en la que se produjo la famosa frase de Belauste. En otra segunda ronda, venció a Italia por 2-0, pasando a disputar con Checoslovaquia la última y tercera ronda, la que daba acceso a esa final de consolación y a la disputa de las medallas. Sea como fuere, resultó que Checoslovaquia no se presentó y la selección nacional disputó la final de consolación frente a Holanda (entonces se llamaba así, no Países Bajos), resultando vencedora en el partido por 3-1 y obteniendo así la tan ansiada medalla de plata en unos Juegos Olímpicos.

Como ya hemos comentado, en la disputa del partido ante Suecia, que España ganó por 2-1, el centrocampista español Sabino Bilbao se disponía a sacar una falta sobre el área sueca. En esas estaban, cuando ahí apareció el fornido mediocentro José María Belauste, quién, corriendo hacia el área de Suecia, gritó a Sabino Bilbao: «A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo». Sabino centró al área y Belauste cabeceó al fondo de la portería, llevándose por delante a varios jugadores suecos (Belauste medía 1,93 m y pesaba 95 kg) y obteniendo el empate (posteriormente, Txomin Gómez-Acedo marcaría el gol de la victoria. Pero eso es otra historia).

En ese partido, Suecia-España, nació el mito que se fue expandiendo y agrandando con el paso de los años de la llamada «Furia Roja». Por cierto, apodo que no acuñaron los periodistas españoles, sino los italianos que vieron el partido, dando fe de lo combativos que eran los jugadores españoles. Apodo que aún sigue vigente y con más fuerza, si cabe, en nuestros días.

La selección olímpica que participó en los Juegos Olímpicos de Amberes estaba compuesta, en lo relativo a sus jugadores, por 17 integrantes: dos porteros, tres defensas natos, cinco centrocampistas y siete delanteros. De ellos, doce eran vascos, dos catalanes, dos gallegos y un valenciano.

ALBERTO VEGUE

A MI EL PELOTÓN, SABINO, QUE LOS ARROLLO