
Cuando se habla de «Valley Parade», muy pocos aficionados al fútbol sabrán que es el estadio del equipo de fútbol de la ciudad de Bradford, situada en la mitad norte de Inglaterra, y que alberga la localía del conjunto de la ciudad, que no es otro que el Bradford City AFC. Es un estadio muy antiguo, pues su construcción original data del año 1886 y, aunque en un primer momento fue concebido como un estadio para la práctica del rugby, a partir de 1903 se habilitó para la práctica del balompié. Sufrió una pequeña remodelación en el año 1908 y prácticamente desde ese momento no se modificaron sus condiciones hasta la fatídica fecha del 11 de mayo de 1985, en que sufrió un aparatoso incendio con un lamentable saldo de 56 muertos y 265 heridos.
Ese funesto día, el 11 de mayo de 1985, el equipo local, el Bradford City, se enfrentaba en su estadio al Lincoln City en el último partido de liga correspondiente al campeonato, en aquel entonces llamado Football League Third Division (3.ª división del fútbol inglés). Para el Bradford City era un partido rutinario y de festejo con sus aficionados, pues hacía unas fechas que ya había conseguido su ascenso a la Football League Second Division (la división de plata del fútbol inglés en aquellos años). Se trataba, pues, de un partido de mero trámite y con el que pensaban disfrutar y celebrar con todos sus seguidores y en su estadio. Pero ocurrió la fatalidad.
Transcurría el minuto 43 de la primera parte cuando, desde el campo, árbitro y jugadores observaron que en las gradas comenzaba un conato de incendio en la tribuna principal, que era de madera y que contaba con más de 82 años de antigüedad. Lamentablemente, ese conato no pudo ser extinguido y, por una serie de circunstancias que más tarde detallaremos, se convirtió en un incendio de una magnitud impredecible con el resultado que ya hemos comentado. Ante la virulencia del incendio, que en escasos minutos tomó unas dimensiones considerables, muchos espectadores optaron por saltar al campo como buenamente pudieron con el propósito de salvar así sus vidas. Otros trataron de escapar huyendo hacia los tornos de las puertas de entrada al estadio, que se encontraban en esos momentos totalmente cerradas con candados con el objetivo de impedir que la gente entrara al recinto para ver el partido sin pagar la entrada. Y esa fue la desgracia, pues quedaron totalmente atrapados, pereciendo la gran mayoría totalmente quemados.
Fechas posteriores, cuando se analizaron y estudiaron los orígenes del incendio y las conclusiones del mismo, la comisión investigadora determinó que la causa fue una colilla de cigarro mal apagada o, en su defecto, una cerilla mal apagada que, junto con la enorme cantidad de basura y papeles acumulada durante años debajo y entre los asientos, sirvió como acelerante a ese asolador incendio. En menos de 5 minutos las llamas destruyeron toda la tribuna principal (recordemos que era de madera) con el resultado ya comentado.

El estadio de fútbol de Valley Parade quedó en tal estado de destrucción que el Bradford City no pudo disputar los partidos de liga como local en toda la temporada siguiente (1985/1986) y la primera mitad de la siguiente (1986/1987), debiendo hacerlo en otros estadios que le fueron ofrecidos por equipos como el Bradford Bulls (equipo de rugby), el Huddersfield Town y el Leeds United (localidades cercanas a Bradford).
Fue tal la magnitud y repercusión del incendio en la opinión pública que las autoridades británicas se vieron obligadas a modificar los protocolos de seguridad en los estadios, aunque, a decir verdad, estas nuevas reglas no dejaron de ser más que superficiales. Hubo que esperar cuatro años más —hasta que se desencadenó la tragedia de Hillsborough (1989) con 96 aficionados muertos del Liverpool FC a consecuencia de una avalancha humana— para que se modificasen los protocolos y se tomaran en serio unas verdaderas medidas de seguridad en los campos de fútbol británicos, que paliaran la triste realidad que vivían. No obstante, fueron necesarios más de 150 muertos para que se tomaran medidas serias.
Ese año, 1985, fue un año fatídico en tragedias humanas relacionadas con el mundo del fútbol. Como acabamos de describir, el 11 de mayo ocurrió la de Valley Parade; el 26 de mayo en la Ciudad de México sucedió la llamada «Tragedia del Túnel 29» en un partido entre Pumas de la UNAM y el FC América (19 muertos y 59 heridos) y, finalmente, el 29 de mayo sucedió la tragedia de Heysel (final de la Copa de Europa con 39 muertos y más de 600 heridos).
ALBERTO VEGUE
