
El fútbol siempre se ha practicado, en el caso del calzado, con botas. En un principio estas eran muy rústicas, tremendamente pesadas, insoportables cuando llovía, rígidas a más no poder y peligrosas, pues sus punteras solían ser de acero y pobre de aquel que sufriera un puntapié. Afortunadamente, el calzado deportivo fue evolucionando a lo largo del tiempo, sobre todo en estos últimos años, y los botines se han tornado mucho más ligeros, con tacos intercambiables, totalmente impermeables y, en este progreso continuo, se han vuelto hasta muy coloridos, olvidando sus primitivos colores exclusivamente negros. En definitiva, las botas de fútbol de hoy en día son casi una obra de ingeniería.
Y todo esto lo comento porque, ¿voy a hablar de botas de fútbol? No, ni mucho menos. Hoy, hilo con algún comentario de la nota de la semana anterior y voy a volver a departir sobre algunas situaciones que se dieron en el Mundial de Brasil, celebrado en 1950, y que tuvieron determinados aspectos diferentes a cualquiera de los mundiales disputados hasta esa fecha e incluso a los celebrados posteriormente. En definitiva, ese Mundial de 1950 dejó diversas pinceladas deportivas que todavía hoy, 76 años después, se recuerdan y son comentadas por todos aquellos a los que nos gusta el fútbol.
Una de ellas fue que, por primera vez en la historia de los mundiales, para determinar quién sería el campeón del torneo, este se iba a decidir por el sistema de liguilla. Es decir, se realizaría un pequeño campeonato de todos contra todos a contender entre los cuatro campeones surgidos de los distintos grupos de clasificación (que eran cuatro). De esta manera, se sustituía el tradicional sistema que hasta entonces habíamos conocido: es decir, la disputa, después de esa fase clasificatoria, de los cuartos de final, de las semifinales y de la gran final. Como todos sabemos, el campeón de esa liguilla y, en consecuencia, el campeón del mundo fue la selección de Uruguay.
Otro aspecto destacable ocurrió con el mundialmente llamado «Maracanazo». Contra todo pronóstico, la selección de Uruguay venció en la final, en el mismísimo estadio de Maracaná, a la selección de Brasil, la gran favorita, por un resultado de 2-1. Esta derrota supuso un trauma de tal calibre para la afición brasileña que, a raíz de ese fiasco, se decidió cambiar la indumentaria de la selección de fútbol brasileña por el posible gafe o mufa que podían tener los colores que habían venido usando hasta entonces, pasando de la indumentaria blanca con vivos azules a la más llamativa y nacional amarilla con vivos verdes. Esta nueva vestimenta fue bautizada como la «canarinha».
Para España fue muy importante, pues logró el mejor resultado clasificatorio de su historia en los mundiales al conseguir un más que meritorio 4.º puesto. Este registro constituyó la mejor clasificación de nuestra selección en unos mundiales de fútbol durante 60 años. Exactamente hasta el año 2010, en el que, como todo el mundo sabe, España fue campeona del mundo en el mundial disputado en Sudáfrica.
También ocurrió un hecho inédito hasta ese momento y que tuvo una repercusión mucho menor que lo contado hasta ahora. Una selección novata en la disputa de este tipo de competiciones y que jamás las había disputado (a día de hoy no se ha vuelto a clasificar para ninguna fase final), abandonó la misma al no permitirle jugar descalza los partidos que debía disputar en su grupo. Y esta última circunstancia es la que vamos a desarrollar un poco más en el día de hoy.
La India no se había ganado la participación en el Mundial de Brasil de 1950 por clasificación directa. La renuncia de Birmania, Filipinas e Indonesia, todas ellas integrantes del grupo eliminatorio por Asia, hizo que el equipo indio se clasificara directamente al Mundial.

India se disponía, pues, a estrenarse en un mundial de fútbol y quería en ese debut mantenerse fiel a sus tradiciones. Una de ellas no era otra cosa que jugar sus partidos descalzos o solo con calcetines, pues de manera habitual así lo habían venido haciendo hasta entonces. La FIFA, fiel guardiana de los valores de Occidente, se negó en rotundo a esta circunstancia; los indios no se lo tomaron a bien y renunciaron a disputar el mundial, retirándose del torneo. Y fin de esta curiosa historia.
En definitiva, a la India no le causó mayor problema esta retirada puesto que el fútbol comenzaba a ser un deporte practicado en el país y no contaba con excesiva tradición ni número de adeptos. Además, no era muy seguido por la gente y no contaba con un número exagerado de aficionados. En aquella época, e incluso hoy mismo, los deportes reyes en la India son el críquet y el hockey sobre hierba. Aunque, a decir verdad, las dificultades financieras que tenían, la mala organización de su federación de fútbol, los altísimos costes de un viaje de estas características y su prioridad de participar en los JJOO antes que hacerlo en un mundial de fútbol, allanaron y abonaron el camino para la renuncia.
La verdad es que el empeño de la India en jugar descalzos el campeonato no era en sí nada novedoso. Ya en los Juegos Olímpicos del año 1948, celebrados en Londres, jugaron un partido (contra la selección francesa) sin botas, aunque sí reforzaban sus pies con buenos vendajes. Incluso, en la celebración de los llamados Juegos de Asia, celebrados un año después del Mundial de 1950, la India participó en el certamen jugando descalza y ganando el torneo.
Pero no solo la India era la única selección en jugar, en un determinado momento, habitualmente sus partidos con sus jugadores descalzos o protegiéndose el pie con vendajes; también lo hicieron selecciones de otros países y no solo del continente asiático: otras selecciones africanas como Nigeria, Uganda o Ghana también lo han hecho. Eso sí, estamos hablando de la década de los años 40 y 50 del siglo XX.
ALBERTO VEGUE
