
Que el fútbol levanta pasiones, no creo que nadie tenga la menor duda de que esto es así. Que el fútbol nos hace ser animales, pero de los irracionales (hablo en general), es evidente a todas luces. Que el fútbol nos hace perder la cabeza, aun a los que nos consideramos personas serenas, eso se ve un partido tras otro. Que el fútbol nos desata la lengua y a veces si nos viéramos grabados ni nos conoceríamos, siempre ocurre. Y si alguien no está de acuerdo con estas aseveraciones, solo tiene que recordar lo que le ocurrió a Armando Muñoz Calero en el año 1950, cuando era un fanático seguidor de la selección española de fútbol y, por supuesto, del antiguo régimen del general Franco.
Para que conozcamos un poco al Sr. Muñoz Calero, diremos que el susodicho ocupaba, en el momento al que vamos a hacer referencia, la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol. Durante el mes de julio de ese año, se celebró en Brasil la cuarta edición de la Copa Mundial de Fútbol, organizada por la FIFA, y en ella la selección española obtuvo la segunda mejor clasificación de toda su historia, un magnífico cuarto puesto, sucumbiendo en la Fase Final ante las otras tres selecciones nacionales más potentes en aquella época (Uruguay, Brasil y Suecia), constituyendo durante un periodo de 60 años la mejor clasificación alcanzada en un Mundial de Fútbol, aunque a día de hoy ya sabemos que tanto en el año 2010, como en el 2026, se convirtió en campeona, el mayor logro conseguido hasta ahora. Pero sigamos con nuestra narración. España, en el antedicho Mundial de Brasil de 1950, se enfrentaba en cuartos de final a toda una potencia futbolística de aquel entonces y con un plantel impresionante (Bert Williams, Alf Ramsey, Billy Wright, Stanley Matthews, etc.), a toda una poderosa Inglaterra, génesis y cuna del fútbol. La selección inglesa, hasta ese entonces, había ganado todos los partidos disputados en su grupo clasificatorio al mundial, pero (siempre hay un pero) tuvo la mala fortuna de cruzarse, en esos cuartos de final a que hemos hecho mención, con una selección española de leyenda y con un plantel de jugadores que sabían perfectamente lo que significaba jugar al fútbol y, para más inri, con una furia y un empuje asombrosos y que eran reconocibles por todos aquellos rivales a los que se enfrentaban. Era tan impresionante esa máquina de furia española, dentro del reglamento (todo hay que decirlo), que Inglaterra y toda su prepotencia británica sucumbieron ante el equipo español por un 1-0, gol marcado por el delantero centro del combinado nacional español, el mítico Telmo Zarraonandia Montoya, conocido por todo el mundo en España y fuera de ella como«ZARRA». Sí, así, con mayúsculas.
Hoy no vamos a analizar el encuentro ni nada de lo que ocurrió dentro de los límites del terreno de juego, sino que vamos a apuntar otro detalle, considero que menor, pero que tuvo su trascendencia y sus consecuencias. Con el pitido final del partido de cuartos, la selección española, con su brillante triunfo, pasó a jugar la liguilla final para determinar quién sería el campeón del torneo. En esos instantes de euforia, al mandamás de la directiva de la selección española, el referido Armando Muñoz Calero, se le ocurrió la brillante idea de informar al general Franco de la proeza que había protagonizado la selección. Lo hizo a través de los micrófonos de Radio Nacional de España. El hombre, embriagado por el entusiasmo y la excitación del momento, se vino arriba y, con una muestra inequívoca del orgullo patrio, comunicó al entonces jefe del Estado español la derrota de Inglaterra en los siguientes términos napoleónicos:«Excelencia, hemos vencido a la pérfida Albión» (sic). Y se quedó tan ancho. Quizá sea conveniente aclarar, para los que no lo sepan, que Albión es el topónimo más antiguo con el que se hace referencia a la isla de Gran Bretaña y que tiene un importante matiz despectivo.

Enterados del contenido de esta cuña radiofónica, los ingleses, que son muy suyos y unos maestros en el arte de ser tiquismiquis, montaron en cólera y, a través de la embajada británica en Madrid, elevaron sus airadas protestas al Estado español por las palabras del presidente de la Federación Española. El Estado las aceptó y obró en consecuencia tomando una desproporcionada medida que culminó con la destitución fulminante del presidente de la RFEF. De poco le sirvió, al Sr. Muñoz Calero, su extenso currículo en el que destacaba, entre otras muchas cosas, el haber ostentado la presidencia de la Organización Médica Colegial en España (era médico cirujano), la presidencia de la RFEF, el haber sido procurador de las Cortes franquistas durante un periodo de 15 años, haber ejercido la presidencia de la Diputación Provincial de Madrid o su destacada actuación como voluntario en la llamada División Azul.
Y es que también hace 75 años y en otros regímenes políticos, también se la agarraban con papel de fumar.
ALBERTO VEGUE
